Fomentar la cultura de la donación de órganos

25 de febrero de 2020

La donación de órganos ha sufrido un retroceso en Michoacán. Las autoridades de salud deben impulsar un programa de difusión en el que se destaquen las bondades de este tipo de iniciativas

La cultura de la donación de órganos, que había tenido un repunte en Michoacán, se vio frenada en las últimas fechas, de acuerdo con cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social. Cuando se obtuvo la licencia para el trasplante de órganos, en 2014, de cada 10 familias entrevistadas para el proceso sólo tres aceptaban, para el 2018 los porcentajes se habían invertido y hasta el 70 por cientos de los casos consultados accedían, pero en 2019 hubo una disminución y apenas el 60 por ciento de las consultas dieron una respuesta positiva, según las cifras oficiales.

Las razones de este retroceso son varias. En primer lugar, la falta de conocimiento sobre los procedimientos de procuración de órganos; en segundo, los mitos que les acompañan, y tercero, porque las creencias religiosas son aún limitantes en la difusión y mejora en índices de donación y trasplantes de órganos.

Otro elemento es el temor de las familias de que se deforme el cuerpo del ser querido y que ello implique no tener un velorio digno. Otro factor a tomar en cuenta es la falta de actualización en las leyes que regulan estos procesos, ya que según la norma federal, sin importar si una persona ha externado su deseo de ser donador, en el momento de su fallecimiento es la familia la que tiene la última palabra.

Como sea, es un hecho que todavía falta mucho trabajo por hacer en materia de concientización para que la sociedad acepte que la donación de órganos es algo no sólo normal sino necesario, pues son incontables las vidas que se pueden mejorar e incluso salvar de llevarse a cabo este tipo de procedimientos.

Desterrar los prejuicios religiosos y morales costará esfuerzo, pero es deber de las autoridades aportar los elementos necesarios para hacer ver que de ninguna manera la donación de órganos es un atropello a la dignidad de una persona. Por el contrario, se trata de un acto de amor a la vida, en el que una persona que ya no puede disponer de su cuerpo puede conseguir que otros tengan una mejor calidad de vida o puedan sobrevivir.

En esto, como en otras muchas cosas, tanto las autoridades como la sociedad debemos poner nuestro grano de arena. La donación de órganos es donación de vida, por lo que se debe reforzar la difusión.