Machismo en las comunidades indígenas

14 de febrero de 2020

La violencia de género es un problema grave pero poco dimensionado en las comunidades indígenas de Michoacán. Es necesario visibilizarlo pero también tomar medidas drásticas para erradicarlo

Es un hecho conocido que el avance que se ha registrado a últimas fechas en las comunidades indígenas en materia política y de gobierno, no se ha reflejado en otros aspectos de la vida pública, tales como el respeto a los derechos humanos de las mujeres. La violencia de género es un problema que se mantiene en la sombra, del que casi nadie quiere hablar.

Como señalan las activistas en el reporte especial que aparece en este medio, en las comunidades todavía priva un sistema paternalista y machista en el que las mujeres se consideran más como propiedades que como sujetos de derechos, sobre la cuales debe pesar el tutelaje tanto del marido como de los hermanos y, en varios casos, la suegra.

En este contexto, también hay que tomar en cuenta consideraciones morales y religiosas, en las que siempre se ha indicado, debido a prejuicios, que las mujeres son menores de edad que deben ser tuteladas por las figuras paternas o de mayor edad.

Otro problema que imposibilita dimensionar los casos de violencia de género que se viven en las comunidades es que son pocas las denuncias que se presentan y aun las que se presentan no tienen el seguimiento necesario para llegar a una solución que haga justicia a las víctimas. O bien se le dan largas al asunto o bien se considera que los hechos de violencia de género son de trascendencia familiar y, por lo tanto, no se les da la atención que se merecen. El sistema de justicia reproduce los prejuicios machistas, por lo que la discriminación hacia las mujeres se mantiene.

En este contexto, es indudable que no puede haber avance en ningún orden de la vida pública si antes no se toman en cuenta los derechos de los sectores más discriminados, en este caso de las mujeres de los pueblos indígenas, que, como señala una activista, enfrentan el estigma de ser mujeres, ser indígenas y ser pobres.

Las autoridades del estado, pero también de las comunidades, deben no sólo alentar programas que fomenten de igualdad de género, sino participar de manera directa en la elaboración de esquemas de trabajo que incidan directamente en el respeto a los derechos humanos de las mujeres.

Habrá un desarrollo más armonioso en los pueblos indígenas cuando, a la par que los avances democráticos, se tome en cuenta también el papel que representan las mujeres como sujetos de derecho. Desarraigar el machismo y el paternalismo va a costar tiempo y esfuerzo, pero es una batalla que debe emprenderse de inmediato.