El cielo es el límite

6 de septiembre de 2020

La pandemia de COVID-19 nos ha obligado a presenciar los espectáculos de diferente manera. Luis Paz relata los pros y los contras durante su primera obra de teatro -Parásitos- que presenció de manera digital

Foto: Tribuna Digital

La llamada llegó a las tres de la tarde.

-¿Qué estás dispuesto a hacer para tener la casa de tus sueños?

Por más que el 2020 ha sido bastante inusual a nadie le hacen una pregunta de ese tipo en un sábado cualquiera de un mes cualquiera. Hubo un silencio. Estaba pensando qué estaba dispuesto a hacer cuando el interlocutor tomó de nuevo la palabra.

-¿Ya estás en tu casa?
-Ya.
-¿Qué vas a hacer en la noche? ¿Vas a salir?
-No creo.
-Te invito a una obra de teatro. Compré un boleto para verla en una plataforma digital y me regalaron otro. Es hoy a las siete de la noche. Pero es en vivo, así es que la tienes que ver a esa hora.
-Órale, pues sí.
-En la obra sale Regina Blandón, se llama Parásitos. Orita te mando el link y el código de acceso.

El pensar cuánto tiempo hace que no veo una obra de teatro, me hizo olvidar cuestionar qué tenía que ver la primera pregunta que me hizo mi interlocutor. Como fuera, la idea de poder ver otra vez una puesta en esecena, aunque sea desde casa, era bastante atractiva, mucho más cuando no se sabía absolutamente nada de lo que se iba a ver.  

Inmediatamente mi pareja ingresó al Instagram de Regina Blandón. Nos encontramos con un live que realizó minutos antes donde explicaba que Parásitos es un obra escrita por el dramaturgo inglés Philip Ridley (a quien han descrito como el “maestro del mito moderno”) y está traducida y dirigida por Miguel Santa Rita; que la puesta en escena lleva cuatro años en los escenarios de la Ciudad de México y que, por primera vez, sería transmitida, completamente en vivo, de manera digital, en el marco de las medidas sanitarias emitidas por la pandemia de la COVID-19.

«Se agradece que existan comedias como estas, en tiempos como estos, cuando todo mundo se siente moralmente superior al otro»

Diez minutos antes de las siete de la noche estaba listo un frappe de rompope con café, se había conectado la computadora a la pantalla y estábamos ingresando el código que acceso a la plataforma Sala Estelar, un proyecto que realiza espectáculos pensados especialmente para contemplarse a través de esta vía y que resultan ser más económicos. En este caso, la obra la pudimos observar tres personas por 200 pesos.

Se apagaron las luces y en el escenario aparecieron Regina Blandón y Daniel Tovar. Inmediatamente se dirigen a quienes los vemos a través de la pantalla. En un momento no se sabe si ya inició la obra o no. Se presentan como Ju y Oli y nos anuncian que nos contarán todo lo que han hecho para que su hijo viva en la casa de sus sueños. De ellos. Se arrebatan la voz. Se contradicen. Se corrijen. Se ven nerviosos.

Ahora sé a qué venía aquella pregunta de las tres de la tarde. Ju y Oli narrarán durante más de una hora cómo es que a lo largo de lo que puede ser 1, 2 o 3 años, rompieron todos los límites que creían tener para satisfacer sus deseos. Estamos apunto de observar una severa crítica al desmedido consumismo en el que estamos inmersos, pero también a lo actos de corrupción a los que no escapan las personas comunes y corrientes.

Los ofrecimientos que le hacen a la joven pareja les hace cuestionarse constantemente sobre aceptarlos o no, si habrá represalias o no. Pero no solo se cuestionan ellos. La contante interacción con el público provoca que uno piense hasta dónde se puede llegar para satisfacer nuestros deseos materiales.   

El formato de Sala Estelar le permite al espectador estár más cerca de la primera fila e involucrarse por completo con la joven paraeja y las visitas que reciben en su hogar. Pero como en todos lo lugares donde la internet está involucrada, hay incovenientes. De pronto se detiene por tres segundos la señal. Regresa. Cinco minutos, vuelve a pasar lo mismo.

-¿Desconectaste tu teléfono del wi-fi?
-Deja lo hago.

Fluye la señal durante 12 minutos y otra vez lo mismo. La señal va y viene. La obra se pone cada vez mejor.

-¿Está prendida tu compu?
-También hay que apagar a Alexa.
-Y el Roku

Foto tomada de Sala Estelar

Ya no había nada más que desconectar del wi-fi y ni así logró solucionarse el problema. Una de dos: o Telcel no envía los megas que dice que envía o alguien se está robando la señal. Pero esa es otra historia. La comodidad de estar en casa, a solas con tu pareja y tus perros, sin que ningún ruido te moleste, supera el enojo contra Telcel.

Afortuadamente, las impecables actuaciones de Regina Blandón, Daniel Tovar y Yuriria del Valle evitaron que se perdiera el hilo de la historia. En un escenario donde la escenografía solo se compone por dos sillas y un par de barras de luz, brillan aún más las interpretaciones de los tres actores.

La escena donde Blandón y Tovar tienen que interpretar, cada uno, a seis personajes simultáneamente es espectacular. Es cuando uno dice que valió la pena pagar el boleto aunque nos lo hayan regalado. Pero más en serio: es cuando se agradece que existan comedias como estas, en tiempos como estos, cuando todo mundo se siente moralmente superior al otro.  

En un teatro, al final de la obra, seguramente nos hubiéramos puesto de pie y hubiéramos aplaudido por minutos, pero solo hubo un incómodo silencio que se rompió con Sympathy for the devil, de los Rolling Stones, vayan  ustedes a saber si a manera de guiño o a manera de rúbrica de ese personaje que nunca se mencionó, pero siempre estuvo allí, incitando a Ju y a Oli, insistiéndoles que el cielo es el límite.