Tejer en la oscuridad

Para Karla Cerriteño, la lectura de "Tejer la oscuridad", de Emiliano Monge, implica una narrativa en la que el papel de la memoria es algo relevante en cada uno de los testimonios que los personajes

Uno podría pensar que leer ciencia ficción en tiempos tan inciertos como los actuales no es buena idea, que podría resultar contraproducente. En el caso de Tejer la oscuridad, de Emiliano Monge, ha resultado una experiencia peculiar que solo puede traducirse como un viaje por parajes desérticos al lado de un grupo de caminantes que espera encontrar un mejor lugar.

La historia comienza con un panorama que no parece ficticio: el calentamiento global ha avanzado a niveles terribles, por lo que el nivel del mar subió y todas las plantas han muerto, debido a las altas temperaturas. Las civilizaciones que conocíamos se han acabado, dando paso a nuevas formas de existir o, mejor dicho, sobrevivir.

A partir de ese instante, todo se define en quién es el más fuerte y apto al nuevo tipo de vida. Conforme avanza la lectura, el lector aprecia cómo los personajes hacen para crear una nueva cultura.

Una narrativa en la que el papel de la memoria, centrada en resguardar aquello que representa su historia, es algo relevante en cada uno de los testimonios que los personajes escriben en su diario, al cual tiene acceso el lector en Tejer la oscuridad.

Fiel a su estilo, Emiliano Monje ofrece una historia en la que la intertextualidad no puede faltar, ya que en diversas ocasiones se encuentran frases del Popol vuh, la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, entre otros textos. De esta manera, el autor consigue una trama muy del estilo de Plop, donde el ambiente post-apocalíptico logra envolver a quien lee y, como toque adicional, retoma el choque entre culturas y conquista de territorios como ocurrió con la llegada de los españoles, trasladándolo a escenarios futuros.

Tejer en la oscuridad, Emiliano Monje. Ciudad de México, Literatura Random House, 2020, pp. 240