Volver a los orígenes

22 de enero de 2021

Para Arturo Chávez Carmona un virus está derrotando a todo lo que ha significado la sociedad humana. Desafía su economía, su educación, sus gobiernos, su estabilidad y equilibrio social. Desafía a la conciencia de sabernos finitos y no eternos

No ha sido fácil callar, antes callé muchos años. Hoy la enfermedad me hizo callar, el dolor de la ausencia, de la muerte, me hizo callar. Las premuras, violentas emergencias de enfermedades varias, de mis hijas, médicos, medicinas, sospechas de tener la maldición del covid. Cómo escribir algo que comunique alegría y optimismo si nos cala dentro la debilidad, la vulnerabilidad de todo lo viviente. No sólo como seres humanos, somos vulnerables todos los seres vivientes, la enfermedad invade sin avisar, sólo los síntomas y a poco sabemos con la certeza de las pruebas que sí, que tenemos el virus que arrasa al mundo, que no se entiende su presencia, su veloz y letal difusión, no se acepta su real existencia y se habla de oscuras intenciones de los gobiernos del mundo para eliminarnos a los viejos, para ahorrar pensiones, y mil tontas ocurrencias producto de una ignorancia e incredulidad que raya en la demencia colectiva.

Habrá que entender que en el origen somos sistemas biológicos abiertos, frágiles, necesitamos alimento, agua, calor, certidumbre para poder hacer algo más que solo vegetar. Necesitamos abundancia y seguridad para diseñar futuros. Esos futuros que ya no nos pertenecen, el de Antígona, el de Gea el de Isabela, ellas no saben que su futuro está en nuestras manos, en nuestras decisiones, hasta el punto en que tomarán las riendas de sí mismas, de su propia vida, de su propia fuerza y debilidad. Será un futuro que no sé si sea mejor que mi pasado de joven y adulto universitario. Lo más seguro es que esté rodeado de otros asideros, de otra presiones y precauciones, de otras visiones del mundo. Habrá que pensar si vienen los hijos, si vale la pena traerlos a un mundo que ya se agota en su propia imposibilidad de estar sano, de atender una enfermedad, controlar y combatir un virus. Un mundo donde la ciencia, la ciencia de la vida, le ha fallado a la humanidad.

Sin duda la naturaleza está organizada de tal manera que como sistema se autosostiene. Pero se divide en ámbitos y organismos, y hay una relación de intercambio, de comer y ser comido, de flujo de materia y energía que ordena el caos que es la entropía, esa energía que se disipa y se sostiene con el orden que la naturaleza mantiene. Recuerdo muy bien alguna lectura donde el planeta tierra tenia a lo viviente en una capa organizada que sería la biosfera. La composición mineral rocosa de la tierra sus elementos primarios, silicio, aluminio, magnesio, constituyen la litósfera. Todo lo gaseoso que se mezcla y hace posible esa combinación y proporción de gases que nos permite respirar, disponer de ese atmos, alma o energía primaria, es la atmósfera. Hay una interacción entre estas capas en el espacio y en el tiempo, un seno de origen que nos hacen pensar en la tierra como Gaia, un gran organismo viviente que evoluciona y mantiene todo lo demás, en ese demás están los seres biológicos, los seres humanos, vulnerables y débiles con toda la ciencia y conocimiento acumulado, esa tecnosfera en la que vivimos y que también nos ha fallado. El mundo del conocimiento, del pensamiento profundo, autorreflexivo, la conciencia de nosotros mismos, de si y para sí, es otra dimensión reconocida como la Noósfera.

Resulta así que el saber no es suficiente para sobrevivir. La conciencia de sí, de los límites y cuidados necesarios para poner una barrera de conducta sana a la enfermedad, que esté presente en todos los estratos sociales, en la empresa, los grupos de trabajo, la familia, los comercios. En todas aquellas actividades socioeconómicas donde la cercanía de los individuos es su debilidad, no su fuerza como antes era. No me extiendo más, solo reitero la conciencia de la vulnerabilidad y fragilidad de los seres biológicos. Hay batallas que los más organizados no vencen o ganan fácilmente a los más simples. Un virus está derrotando a todo lo que ha significado la sociedad humana, desafía su economía, su educación, sus gobiernos, su estabilidad y equilibrio social. Desafía a la conciencia de sabernos finitos y no eternos, como pensábamos desde las religiones. La muerte es un final, donde la sorpresa ni siquiera permite la redención del arrepentimiento.