“Gritamos hoy, por las que ya no están”

La pandemia de coronavirus no detiene la fuerza femenina de quienes, cansadas de vivir con miedo y desigualdad salieron a las calles a marchar esta tarde del 8 de marzo

Fotos de Wendy Rufino

El grito al unísono fue el mismo de hace un año, “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más». La lista de víctimas creció. Los rostros que acompañaron los carteles en demanda de equidad y de igualdad son cada vez más, diferentes, de todas las edades y acompañadas de un sinfín de historias que culminan con la misma frase: su familia aún espera justicia.

La pandemia de coronavirus no detiene la fuerza femenina de quienes, cansadas de vivir con miedo y desigualdad salieron a las calles a marchar esta tarde del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer en el que se reconocen los derechos ganados en una lucha histórica, pero se señala más lo que falta por hacer.

Los muros de las casas, oficinas, sucursales bancarias y negocios ubicados a lo largo de la avenida Madero se convirtieron en un kilométrico lienzo en el que se replicaron los reclamos de justicia y las expresiones de enojo en contra de las autoridades, del sistema, de la sociedad que participa en “la violencia sistémica” contra las mujeres. Aunque hubo personas, tablas y vallas humanos que intentaron impedirlo.

“De regreso a casa quiero ser libre, no valiente», “Nos sembraron miedo, nos crecieron alas», “Queridas nietas: marchó por ustedes, por un futuro sin miedo», “Nos dijeron que no saliéramos solas, entonces salimos todas», fueron algunos de los mensajes en cartulinas y pancartas, que se entremezclan con los reclamos de justicia para Jessica, Nilda, Gissela, María Guadalupe, Jazmín, María Teresa, Neyda, Anabel, Alejandra…

A su paso por la antigua Calle Real, algunas de las integrantes de los contingentes se hicieron valer de martillos, latas de aerosol y puños envueltos en pañoletas para romper los cristales de los edificios. Esas pañoletas que son señal de lucha, de protesta y que hoy se combinaron casi a la perfección con los cubrebocas.

En las sedes del Palacio legislativo y el Palacio de Gobierno, tal y como lo anunció esta mañana el gobernador del estado, Silvano Aureoles Conejo, no hubo vallas ni metálicas ni humanas. Caso contrario en el templo de Las Monjas, donde un grupo de personas identificadas como pro vida se colocaron en una cadena humana para intentar evitar que los muros del recinto religioso fuera intervenidos.

“La pandemia, que ha agravado la situación de violencia contra las mujeres, no ha podido con nosotras…el quédate en casa ha obligado a mujeres a convivir todo el día, durante meses, con sus principales agresores”, reclamaron las feministas frente a la sede del gobierno estatal al reclamar atención, políticas públicas adecuadas y capacitación de personal en áreas como el Ministerio Público.

La “toma» de uno de los balcones del palacio y un performance en memoria de las que ya no están, fueron parte del fin de la protesta en la que el mensaje fue claro: “Hoy toca exigir nuestros derechos, hoy toca demanda nuestra libertad…que nunca más tengan la comunidad de nuestro silencio».