De dónde soy

15 de abril de 2021

Mi vida y mis años de más de seis décadas, me han llevado a ser de todos esos lugares, donde hay amigos

Recientemente un amigo de la costa me preguntó que de donde me sentía, si de Michoacán o de Guerrero. Esto motivado cuando publiqué mi nacimiento en Morelia y mi vida en la Costa Grande, en Zihuatanejo, hasta los 16 años que terminé la escuela secundaria y decidí, y digo decidí, venir a Morelia a San Nicolás, con la complicidad de mi hermano Jaime, que llamó al primo Pedro Mercado para que me ayudara a ingresar al Colegio de San Nicolás de Hidalgo a cursar el Bachillerato de Ciencias Biológicas. Era de medicina la carrera que aceptaba mi padre para mí, al rechazar ciencias políticas en la UNAM, donde me ofrecían pagarme estudios sus amigos del PRI. Decía mi padre, Arturo Chávez Díaz, que sería muy gratificante ayudar al prójimo, ser médico era la mejor manera de realizar su sueño. Pero no era mi sueño e ingresé a la carrea de Biólogo y después de años y peripecias, de amores y desamores, fui botánico, poeta, vendedor de ilusiones, y hoy un joven viejo que recuerda con ustedes, aspectos de mi vida.

Y quiero empezar por el final. Algunas amigas se sorprenden de mi militancia política, que hoy vaya con los pobres izquierdistas de MORENA. Me preguntan por qué si yo tan inteligente me dejé lavar el cerebro. No, lo que no saben es que desde los 18 años milité en las juventudes del Partido Comunista Mexicano. Vivía en un departamento compartido con compañeros de la universidad. Estudiábamos intensamente, sacábamos cada tarea y cada materia en cada semestre con ese afán que solo los jóvenes saben tener. En la conquista de la igualdad social no nos rendimos, y no nos rendiremos ahora que frisamos más de 60 años esos mozos de la calle Bucareli en la colonia Vasco de Quiroga.

Creo que esa es la clave, permanecer fieles a nosotros mismos, no traicionarnos, amar esos recuerdos, vivir el ahora con la misma intensidad de los dieciocho años, aunque no podamos hacer físicamente las mismas cosas, los huesos envejecen, se desgastan, duelen, pero el corazón y el cerebro siguen diciendo adelante, no hay ideales que sean conquistados sino con la pelea permanente por ellos. Con la permanente necedad que solo los viejos conocen. Espero no haya mayor novedad en lo que digo, que esto lo lean mis hijas, ser joven es una búsqueda y ser viejo es continuar esa búsqueda. Ay de aquel que se siente con sus materias conquistadas y sus alforjas repletas de oro. Las alforjas se hicieron para flotar en la tormenta…

Pero que quede claro que mi intención no es dar lecciones chamacos, muy al contrario, es solo confesar que he vivido como Pablo Neruda. Hacerles saber que estoy presente, dignamente optando por la izquierda, por los pobres que nunca desaparecerán, pues los hay de todo tipo siempre. Esa pelea es permanente, y mi pobreza hace mucho que se fue, mucho antes que tuviera casa, antes de tener familia, antes de ser millonario. Mi pobreza desapareció cuando descubrí que en mi mismo estaban todas las respuestas. Solo es cosa de pensar un poquito, detenerse, respirar profundo y alzar los ojos al cielo o bajarlos a la tierra, el horizonte está en el punto medio.

Mi vida, mis años de más de seis décadas, han transcurrido en Petatlán, Zirándaro y Zihuatanejo en Guerrero, en Infiernillo, Huetamo, Tiquicheo, Tzitzio y Morelia en Michoacán. ¿De dónde soy? De todos esos lugares, donde hay amigos, ese gran amor que me nutre cada día del recuerdo de todos, todas y cada uno. Soy de este mundo, ¿Qué no ven?