Siria

22 de abril de 2021

Arturo Chávez Carmona aborda el tema de Siria, el país que todavía sufre las consecuencias de la guerra civil iniciada en 2011, que ha ocasionado la mayor crisis de refugiados a nivel mundial

Puede la muerte tener razones para habitarnos cada día. Pero no podemos matarnos entre nosotros todos los días. Quiero decir tampoco de vez en cuando. Deberíamos cuidar siempre del bien más valioso de la especie, del planeta, la vida de todos los seres vivos de la Tierra. Y, sin embargo, inventamos la guerra. Esa manera de imponernos unos a otros, naciones fuertes sobre naciones débiles. A fuego y lanza demostrar que no hay paz sin victoria.

La República Árabe Siria es un pequeño país de la costa Oriental mediterránea. Desde marzo d 2011 sumida en la Guerra Civil Siria. Donde fuerzas oficialistas del gobierno de Bashar-al-Asad combaten a fuerzas rebeldes que hasta hace poco dominaba el norte del territorio en Siria. Desde 2010 en Túnez inicio la Revolución de los Jazmines y con ella la Primavera Árabe, que propicio rebeliones al Norte de Africa y en Medio Oriente. En 2011 el pueblo sirio se manifestó en contra de las políticas de Bashar-al-Asad. Empezó así la actual guerra civil, llamando el gobierno desestabilizador a los rebeldes combatientes contra al-Asad. Estados Unidos toma partido por la distensión y ha llamado a aplicar sanciones económicas al Estado Sirio. Detrás de Bashar-al-Asad se ha colocado con su respaldo económico y armamentista la Rusia de Putin. Pareciera así una pequeña réplica de la Guerra fría este tablero de ajedrez en Medio Oriente.

La crisis en Siria sigue causando un tremendo sufrimiento tanto a las personas que viven dentro del país como a las que se han visto obligadas a huir fuera. El conflicto continúa siendo la mayor crisis de refugiados a nivel mundial. Más de 11 millones de sirios y sirias aún dependen de la ayuda humanitaria. El conflicto continúa siendo la mayor crisis de refugiados a nivel mundial, con más de 6 millones de personas desplazadas dentro de Siria y más de 5 millones de refugiadas viviendo en países vecinos como Jordania, Turquía y el Líbano, la mayoría en condiciones de extrema pobreza.

Desde su comienzo en marzo de 2011, el conflicto se ha cobrado centenares de miles de vidas. Más de 12 millones de personas han huido de sus hogares; muchas personas en varias ocasiones. Casas, hospitales y escuelas han quedado destruidos, muchos barrios carecen de agua corriente apta para el consumo y saneamiento, los precios de los alimentos se han disparado y la economía está al borde del colapso. Más del 80% de la población vive por debajo del umbral de pobreza. Muchas mujeres, por primera vez en sus vidas, se han convertido en la principal fuente de ingresos de sus familias, recurriendo a peligrosas estrategias para salir adelante, como reducir el número de comidas al día o comprar menos comida o menos nutritiva.

Hasta cinco banderas de diferentes fuerzas ondean sobre la localidad siria de Tel Tamer y sus alrededores, en el noreste del país, recordando que la década de guerra que ahoga al país mediterráneo ha quedado encallada en una compleja lucha de intereses donde intervienen media docena de actores regionales e internacionales. Bachar el Asad tiene la victoria asegurada en el plano militar y, aunque una salida negociada para la paz ya no está en manos de los sirios, cada bando busca defender su proyecto para la Siria de posguerra.

La bandera rusa ondea discreta sobre una antigua granja hoy reconvertida en base militar. A menos de 200 metros lo hace la oficial de la república árabe, junto a un póster del presidente El Asad. Un poco más allá, la de los kurdos frente a la bandera siria con las estrellas rojas, símbolo de la oposición armada. A pocos kilómetros, enseñas turcas. Cinco banderas que simbolizan un cruce de caminos, rescoldo del conflicto en el país, pero que sin duda simbolizan las dificultades del proyecto autónomo en el anhelado Kurdistán sirio.

Amenazados en el terreno por los turcos, milicias locales y el Gobierno sirio, y en la mesa de negociación por la oposición siria, que les ha expulsado de toda participación en el diálogo, los kurdos buscan aliados entre las poblaciones árabes con los que preservar el sueño de una autonomía de facto. Cuentan con un Gobierno político mixto, árabe y kurdo, bautizado como la Administración Autonómica del Norte y Este de Siria (AANES, por sus siglas en inglés) y un ejército, las FDS que, junto con los assayish —fuerzas kurdas de seguridad—, suman, según estimaciones, cerca de 100.000 hombres y mujeres. Gobiernan sobre una población de entre 2,5 y tres millones de personas y una extensión que abarca desde la frontera con Irak hasta, en el oeste, prácticamente los alrededores del cantón kurdo de Afrin, ocupado por fuerzas proturcas.

La lucha contra el ISIS (2014-2019) les brindó a las fuerzas kurdas el apoyo militar de la coalición internacional liderada por Washington y, sobre todo, la protección de su aviación en una contienda donde los cazas decantan la batalla hacia el lado vencedor. La situación ha cambiado. “Los cielos ya no están con nosotros”, lamenta Aram, portavoz del Consejo Militar Siriaco (parte de las FDS), en una posición cerca de Tel Tamer y a cargo de gestionar el masivo éxodo de esta minoría cuyos pueblos se vacían. La ofensiva turca ha supuesto un freno en las aspiraciones kurdas donde los aviones de guerra estadounidenses, aliados de Ankara en la OTAN, no han despegado de sus bases.

Durante la contienda, las relaciones entre las fuerzas kurdas y el Ejército regular sirio se han mantenido cordiales a excepción de algunos encontronazos en Qamishli o Hasaka. Camiones cargados con crudo u hortalizas cruzan a diario los controles del Ejército sirio para abastecer a Damasco. “Nos reunimos una vez al año con el régimen, no podemos llamar a eso negociaciones”, sostiene en sus oficinas de Qamishli la dirigente kurda Ahmed. “Quieren que retornemos al sistema autoritario baazista [en referencia al Partido Baaz, que gobierna Siria desde hace 60 años] de antes de 2011”, prosigue esbozando media sonrisa. “Nuestras fuerzas están dispuestas a integrar las filas del Ejército regular sirio si se reconoce la especificidad de esta zona y los poderes descentralizados”, valora por su parte el comandante Siyamand Ali, en una base militar de Hasaka.

La miliciana Sozdar Afrin, comandante de las Unidades de Protección Populares femeninas (YPJ, por sus siglas en kurdo) en su base de Qamishli, defiende que las mujeres ocupan hoy los mismos cargos de decisión que los hombres en todos los puestos militares y políticos para representar los derechos legales del 50% de la población. Si bien se topan con la resistencia de un sistema patriarcal muy enraizado entre las poblaciones kurdas y árabes, también han logrado atraer a sus filas a un creciente número de jóvenes dispuestas a romper con el sistema heredado. Una revolución feminista en el seno de otra autonómica que necesitará de décadas para afianzarse admite esta curtida miliciana.

Las milicianas se ganaron la simpatía de la opinión pública internacional al empuñar las armas y luchar contra los yihadistas, en una guerra que ha costado la vida a 11.000 milicianos, la mayoría kurdos. Parece que esta guerra interminable sujeta a los pueblos y las diferentes culturas del Medio Oriente ante la incapacidad mostrada para coexistir entre las diferentes culturas, tribus, y de compartir mandos territoriales como gobiernos autonómicos por el partido Baaz, coloca a la dinastía de Bashar-al-Asad contra la pared de los Rusos y frente a la espada delos americanos. Como siempre los conflictos políticos militares por controles territoriales esconden los intereses económicos, Siria posee en su territorio petróleo, fosfatos, mineral de cromo y de manganeso, asfalto, mineral de hierro, sal, mármol, yeso y energía hidroeléctrica.

Los dos principales pilares de la economía siria solían ser la agricultura y el petróleo, que en conjunto representaban alrededor de la mitad del Producto Interno Bruto (PIB). La agricultura, por ejemplo, representó alrededor del 25% del PIB y empleaba el 25% de la fuerza de trabajo total. Sin embargo, las malas condiciones climáticas y la grave sequía afectaron gravemente al sector agrícola, reduciendo su participación en la economía a alrededor del 17% del PIB para el año 2008, por debajo del 20,4% en 2007, según datos preliminares de la Oficina Central de Estadísticas. Por otro lado, los altos precios del barril de petróleo contrarrestaron la disminución de la producción de petróleo sirio y dieron lugar a mayores ingresos presupuestarios y de exportación

En julio de 2013, la economía siria se había reducido en un 45 % desde el comienzo de la Guerra Civil en 2011. El desempleo se quintuplicó, el valor de la moneda local (Libra siria) disminuyó a una sexta parte de su valor anterior a la guerra, y el sector público perdió alrededor de USD 15.000 millones de dólares.17​18​ A fines del año 2013, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estimó el daño económico total de la Guerra Civil Siria en USD 143.000 millones de dólares. Hasta el año 2015, la pérdida económica total causado por la Guerra Civil Siria alcanzó los USD 237.000 millones de dólares, según la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia Occidental. Como resultado de la guerra, las seis economías del Gran Levante (Turquía, Siria, Líbano, Jordania, Irak y Egipto) en conjunto han perdido cerca de USD 35.000 millones de dólares en cuanto a producción, medida a precios de 2007. Actualmente, el país todavía sufre las consecuencias de la guerra civil iniciada en 2011. La economía siria se contrajo en 2012 como resultado de las sanciones internacionales y reducida producción y consumo.

Elaborado con información de Oxfam Refugiados, El País Internacional y El Observador.