La miringua y la japingua

29 de mayo de 2021

Sonia Iglesias y Cabrera nos comparte esta reseña sobre la Miringua, tal como se conoce a un espíritu de la tradición oral michoacana, y la Japingua, cuyo significado, conocido también como el Japingo es un ser fantástico que ayuda a las personas

La palabra miringua proviene del purépecha mirikurhini (mirinharhini) que significa olvido, olvidarse u olvidarse de algún lugar. Con el nombre de Miringua se conoce a un espíritu de la tradición oral michoacana. Este ser fantástico habita en el Lago de Pátzcuaro y se les aparece a aquellos que se atreven a caminar cerca del agua para embrujarlos y atraerlos al fondo del lago donde mueren ahogados.

La Miringua en tiempos antiguos fue una deidad del agua, relacionada con el dios creador Curicaveri, los Tiripemencha y la diosa madre Curicauaperi. Y, posiblemente, se trate de la famosa diosa lunar Xaratanga, a quien se le ofrecían sacrificios humanos en el lago.

Dice la conseja popular que la Miringua adquiere la forma de una mujer para atraer a sus víctimas masculinas. Para atrapar a los hombres emplea su mirada y su voz, así caen hechizados y no tienen otro remedio que seguir a la mujer a las profundidades del lago.

Los habitantes de Zirahuén y Cuanajo creen que la Miringua es un ente fabuloso que hace que te pierdas en el cerro, que pierdas la noción del tiempo y del espacio, y al que se le aparece sigue caminando sin saber dónde está ni cuánto tiempo ha transcurrido.

El concepto de Miringua es difícil de definir, esa especie de olvido, de fantasma, o locura momentánea que mencionábamos, puede adquirir varias formas. Puede ser una mujer, como hemos visto, un encanto, un fantasma, un fenómeno atmosférico, un duende o el diablo. Todo depende de a quien le sucede la aparición y de la zona michoacana en que se la conoce.

Blanca Cárdenas, recopiló en un libro el siguiente relato:

La Miringua es un maligno encantado. Yo acostumbraba ir mucho en la noche al cerro, un día me fui como a las diez de la noche y entonces se puso muy oscuro y no pude leñar y dije yo: voy a descansar un rato mientras amanece, entonces vi un tronco muy viejo, y me dije, voy a hacer una lumbrada con este tronco y le prendí fuego, amarré el caballo en un encino, retirado del fuego, me acosté en medio del caballo y donde había hecho la lumbre, entonces ya cuando me dormí y me llegó el maligno a mí y me desperté cuando se me arrimó un señor que debe de haber sido el diablo, o quién sabe qué sería, se me arrimaron tres y me agarraron. Y uno me detenía los pies y  otro los brazos, entonces yo quise hablar y gritar y enderezarme y no podía, era el diablo, el maligno y se me acercó, me abrió la boca y me sacó la lengua, clarito lo había visto con la luz de la lumbrada, pero yo lo veía lejos, era la Miringua y veía unas calles lejos, lejos, entonces me encomendé a los santos y la Virgen de Guadalupe, entonces me desperté y desapareció todo aquello,  y el caballo estaba bufando y se jalaba queriendo escapar (…) me vine temblando de miedo, mi esposa me preguntó que qué me pasaba, yo le dije: nada, nada, y entonces no estuve a gusto hasta que me fui a confesar, el padre me dijo que cuando fuera al campo de noche llevara un perrito o dos para que ladraran y me cuidaran y me puso los santos óleos y ya no me volvió a pasar nada de eso, de la miringua.

En este caso la Miringua se materializó en el diablo que se le apareció a esta pobre persona, y del que pudo salvarse gracias a la intervención religiosa del sacerdote.

La Japingua, cuyo significado es “poseer cosas”, conocido también como el Japingo es un ser fantástico que ayuda a las personas. Puede presentarse como una lagartija, un gato montés, un venado o como un pájaro llamado pareakuri, un trozo de madera o una brasa ardiendo, en fin, adopta diversas formas. A veces le gusta adquirir la forma de un niño o de una víbora. Puede proporcionar dinero a las personas que lo necesitan. En algunas comunidades del estado de Michoacán, la Japingua es el dueño de los animales, en específico del ganado y los peces. Si algún humano llega a atrapar al dueño de estos animales consigue tener muchos de ellos y volverse rico. El dueño de los peces es un pez mucho más grande que los otros y suele llevar en la cabeza una corona. Para algunas personas la Japingua es el diablo y se puede llegar a un acuerdo con él: dar el alma a cambio de la riqueza obtenida en buenas pescas. Esto puede suceder también con animales de ganado.