Las elecciones en Morelia

24 de mayo de 2021

Para Rafael Calderón el candidato de Morena se encuentra en un escenario favorable, aunque recuerda que en 2018 ganó el candidato de Morena que en el imaginario colectivo estaba destinado a perder y ganó

Foto: Wendy Rufino

En estas elecciones para presidentes municipales, gobernador y diputados, la ciudad de Morelia está viviendo un escenario de polarización y se encuentra en la cúspide del debate político. Casi todos los candidatos del gobernador creen ser punteros, cuando la realidad del contexto político, hace más que evidente que dicho escenario no les favorece. Lo cierto es que habrá ciudadanos que no saldrán a votar y los que sí lo harán para hacer valer su voto -en su mayoría- contra el actual gobernador; la realidad es que la participación ciudadana determinará al ganador de las elecciones para el presidente municipal y los demás puestos de elección popular. Los dos candidatos más visibles del silvanismo en esta contienda son Carlos Herrera Tello y Alfonso Martínez Alcázar, por la gubernatura y la presidencia municipal de Morelia, respectivamente, y suman un alto nivel de rechazo y polarización electoral.

En la capital convergen dos polos políticamente arraigados: el conservadurismo y la izquierda. El grupo conservador es el Partido Acción Nacional, que nació para oponerse al general Lázaro Cárdenas del Río (en las actuales elecciones perdieron la brújula y se volvieron aliados de Silvano Aureoles Conejo y éste sin decoro alguno muestra el tufo conservador) y, para el año el 2000 alcanzó la cúspide del poder y su credibilidad gubernamental la destrozó en un sexenio, solamente mediante el fraude, ganaron en el 2006; por su parte, la izquierda es la corriente política en el país que tiene que ver con el cardenismo del siglo XX y en tiempos recientes tomaron fuerza política contra el neoliberalismo con la Corriente Democrática que se desprendió del PRI en 1987 y en el Frente Democrático Nacional lanzaron la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en 1988. Lo que sigue es un largo camino por la transición a la democracia y reestructura por vía electoral y esta es la que destacó en su carrera presidencial Andrés Manuel López Obrador, hasta llegar a la fundación del partido de Morena y triunfar en las urnas en las elecciones presidenciales abrumadoramente en 2018.

Esta visión política contiende por la alcaldía de Morelia. El nombre del candidato pasa a un segundo término y fríamente aparecerá su nombre en la boleta. El PRI, cuenta con candidato que se hace llamar “revolucionario” y no es por aquellos ideales de la Revolución Mexicana, simplemente dándole tino político a la palabra, pero lejos de la propia debilidad del partido; esa pasión “revolucionaria” del candidato está presente por su “revolución” social registrada en redes sociales. A la izquierda mexicana en los años noventa la enarboló el PRD. Salvo una vez que ganó la alcaldía de Morelia, nunca volvió a gobernar en la capital michoacana, su presencia en la capital fue un fracaso reiterado. Pero curiosamente, en estas elecciones se encuentran participando tres nombres que en el pasado eran militantes de un partido o apartidistas y terminan buscando en la platilla del PAN, Morena y PRI acceder al puesto de simples regidores como ejemplo de la ambición del poder por el poder. Son protagonistas de una individualidad cuadrada y tiene origen en el conservadurismo y buscando ser simples o extraordinarios regidores. Dos de esos aspirantes a regidores militan o militaron en el PRD. Pero son un ejemplo de la pobreza política, su nombre está prácticamente en el anonimato. En el caso de la militante perredista que se incrustó en el PAN es quien fuera secretaria de Seguridad Pública del ex gobernador Leonel Godoy Rangel; el otro perredista, incluso, fugazmente militante del PAN, regresa por la puerta de atrás y se infiltra en la planilla de Morena más no es militante y si llega de regidor será a despecho de verdaderos morenistas. Estas pasiones políticas son un claro ejemplo de ambición política vulgar, la ambición del poder por el poder, se vuelven parte de un discurso envenenado, carente de toda credibilidad; el PRI registra a quien liderea una organización civil en Michoacán para supuestamente combatir la corrupción, pero es contradictorio que suceda desde el momento que se inscriba en el PRI, ya que su organización presume de combatir la corrupción, lo que menos tiene es transparencia y sus fines y beneficios económicos son de un grupo privilegiado y ultra radical, enemigo de las masas populares y la educación pública. Estas son una de varias decisiones erradas que han polarizado la búsqueda de la presidencia municipal de Morelia.

El candidato del ala conservadora y de Silvano Aureoles Conejo es Alfonso Martínez Alcázar arropado nada menos que por el PAN y lo que queda del cascaron del PRD. Así que hay que recordar que el ex alcalde de derecha conservadora Alfonso Martínez Alcázar es quien dejó primero la militancia del PAN y convertirse en candidato “independiente” ganando la alcaldía en 2015. El triunfalismo de “independiente” fue lejos de los partidos políticos y agrupa personajes y grupos de interés común que incluso intentaron reelegirlo en 2018, pero sufre la derrota más estrepitosa, jamás imaginada por él, y los primeros en celebrarla fueron los conservadores del PAN, se pusieron felices porque uno de los suyos no gana una vez hecha oficial la derrota del hijo pródigo. El ex “independiente” terminó en un santiamén con la novedad política de las candidaturas independientes en Morelia y el estado de Michoacán; igual que Jaime Rodríguez, mejor conocido como “el Bronco”, la destrozó en Nuevo León; algo similar en Jalisco con un político emergente que termina de candidato por un partido, demostrando de qué está hecha su ambición política; en lo federal, otra “independiente” que aniquiló esta modalidad política fue Margarita Zavala de Calderón Hinojosa al buscar acceder al poder por el poder como ejemplo de su ambición personalísima. Estos son los que acabaron con la figura de los candidatos independientes que, dicho sea de paso, es la figura política que pregonaba el INE que nació en 2014 con Lorenzo Córdova y la presentaban como una audacia electoral de la reforma del Pacto por México en beneficio supuestamente de los ciudadanos.

Así es como Alfonso Martínez Alcázar, el ex, se convirtió en la bandera política del conservadurismo por la contienda en estas elecciones y busca bajo la sombra del silvanismo, aunque lo niegue, alcanzar por segunda vez el triunfo en la capital. La unción de su candidatura estuvo en la mesa del frente anti Morena de Michoacán, liderado por Silvano Aureoles Conejo, y contó con el aval del grupo que lidera Claudio X. González en el país; así el independiente ahora es dependiente y apoyado por la mezcla del PAN y el PRD y por la flamante organización Mexicanos contra la Corrupción. Su candidatura es una suma de intereses personales, grupos económicos que van más allá de lo electoral: quieren alcanzar en lo económico poder para cuidar y sus privilegios. La realidad es que Martínez Alcázar con su equipo de trabajo, logística y plataforma electoral, se reduce a una zona de confort y como parte de una guía político del cual no sale porque sabe que el riesgo de repudio generalizado es grande y tiene presente estos yerros conquistados por su administración anterior y el repudio generalizado a los partidos que lo impulsan es igual de grande, tanto como la sombría y oscura sombra del gobernador que lo apoya: se sostiene en un hilo desgastado y lo evidencia su limitada oratoria y un discurso vacío o carente de propuestas; lo que sí tiene es un dispendio económico agresivo en el presente proceso de campañas, incluso, podría observarse que gasta más en pago a las redes sociales, los medios, “noticias” publicitarias y por los espectaculares colocados una cantidad mayor incluso de la de varios candidatos a gobernador. Por eso hay que dudar que sea el candidato favorito de los morelianos, más bien se encuentra en un lejano triunfo electoral, porque estas elecciones son de partidos y los que lo arroparon son los que mayor número de puntos negativos acumulan entre los electores. Más bien, si se descuida, el candidato que lo puede remontar es el del PRI, Guillermo Valencia, quien pueblea y todos los días tiene fiesta, lo acompaña una logística económica y publicitaria y las noticias sensacionalistas se las lleva en redes sociales y esto sencillamente no se puede materializar en votos efectivos. Ambos, por su naturaleza política, ocupan votos de carne y hueso y sus respectivos partidos ya no suman suficientes con el voto duro. Es un voto dividido y la polarización en el fondo es saber quién es quién. El PAN masivamente ya no vota por su candidato por Morelia y los votos del PRD no le alcanzan siquiera para mantener el registro; ni Guillermo Valencia ni el PRI tienen un referente propio para sus candidaturas estatales y municipales: se encuentran huérfanos. El frente anti Morena desde la visión estatal una y otra vez intenta inclinar la balanza por el candidato de la derecha, arropado por el cascarón del PRD. Aunque Martínez Alcázar es un candidato que polariza. La orfandad política en la que se encuentra Valencia es equivalente a la que se registra con Martínez Alcázar en el PAN y PRD. Esta contienda por Morelia es un pleito de dos y en ésto gana un tercero. ¿Será el candidato de Morena? Es posible, aun cuando están buscando la alcaldía otros candidatos y, en otros partidos; son los que no levantan ni ganan.

Morena es un partido que hasta antes de elegir su candidato estaba fuerte; ahora ya tiene candidato. Salió el que nadie en la interna veía como posible ni fue una elección democrática. Por lo mismo para su candidato merma una respuesta favorable al interior del partido de manera unánime. Al momento que es ungido Iván Pérez Negrón es que la tiene difícil. Es un candidato que comunica poco, y le cuesta trabajo consolidarse; si lo logra esto debe ser sólido, pero hay escenarios que terminaron favoreciendo su candidatura. El más dolido por esta decisión fue Alfredo Ramírez Bedolla; pero este movió el tablero político sin decoro, se impuso como candidato a diputado plurinominal y de pronto es ungido como candidato a gobernador; así que el favorecido en esto fue Pérez Negrón y se sacude la imagen negativa que le afectaba por su cercanía filial con priistas como Fausto Vallejo Figueroa y Wilfrido Lázaro Medina. El primero, por su cuenta, le alzó la mano al ex independiente, dispuesto a impulsar la derecha conservadora en la capital y con quien fungió Pérez Negrón como tesorero municipal, nada, termina siendo coordinador de campaña de Guillermo Valencia.

Pareciera electoralmente que el candidato de Morena se encuentra en un escenario favorable. Es posible que Morena no pierda la capital y en las manos de su candidato se encuentra la posibilidad de consolidar la 4T. Pero aún le faltan señales claras: conformar un equipo más apegado a la realidad política desde donde se encuentra impulsada su candidatura, incluir liderazgos fuertes de la ciudad de Morelia y reconocer que éstos son los que contribuyen a sumar ese triunfo tan codiciado que tiene casi en las manos por el mero hecho de ir por Morena. Lo cierto es que todo escenario electoral puede cambiar de último momento.

Finalmente, hay que recordar que en 2018 ganó el candidato de Morena que, dichos sea nuevamente, en el imaginario colectivo estaba destinado a perder y ganó, y el que estaba deseoso por alcanzar la reelección y la pregonaba como suya, simplemente perdió. En Morelia siguen presentes los simpatizantes del obradorismo y del otro lado el ala conservadora del PAN. La diferencia es que los primeros buscan consolidar la 4T y Pérez Negrón al menos tiene esto como un elemento a su favor y un punto de encuentro a su favor y no como sus oponentes que buscan consolidar a toda costa un régimen de privilegios. Morena es un partido que no arrastra niveles de rechazo tan altos entre los ciudadanos como sí sucede con el PAN, PRD y el PRI. Esta es una elección que se decidirá entre partidos y gana el candidato.