¿Clase media? ¡Sí y aspiracionista también! (I)

29 de junio de 2021

Para Víctor Castillo las clases medias deben tener aspiraciones y no caer en la trampa de la ambición. En tal sentido, cabría preguntarse si lo que deseamos es conducido por la ambición o por una aspiración

Foto: Wendy Rufino

En uno de sus significados, aspiración es el anhelo constante de una meta elevada, deseo sincero de (ser) algo superior a (lo que es) uno mismo (https://tinyurl.com/y9aj53kp). Se debe tener el cuidado de distinguirla de la palabra ambición, que significa deseo ansioso o desordenado de honor o ascenso (https://tinyurl.com/yjq7rzm5), y se debe cuidar aún más, tener claridad de lo que pensamos y sentimos, si el Presidente dice que ‘la clase media es aspiracionista’.

En una encuesta realizada en 2019, De las Heras Demotecnia arrojó el revelador dato de que 61 por ciento de los entrevistados se consideraba de clase media (https://tinyurl.com/yebbeeuu), en un país donde el Consejo Nacional de Evaluación, estimó que 49 por ciento de la población era pobre en 2018 y al cierre de 2020, derivado de la pandemia, dicha proporción se había incrementado a 57 personas de cada 100. De acuerdo con diversas estimaciones, alrededor de 12 por ciento de los mexicanos pertenecen a la clase media, medida por ingresos mensuales, es decir, aquellos que viven en hogares que ganan entre 20,000 y 200,000 pesos por persona. Por otra parte, datos del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, ilustran que buena parte de ricos y pobres se consideran de clase media, configurando un escenario de ilusiones, silencios y espejismos propicios para la confusión y el desengaño (https://tinyurl.com/yb5f6x3o).

Antes de continuar, me parece esencial que se entienda que la civilización occidental, de la que somos parte, inició grosso modo en la Atenas de Pericles (siglo V antes de esta Era), hace unos 2 mil 500 años. En ese lapso, se han desarrollado cuatro sistemas económicos, el esclavismo, el feudalismo, el mercantilismo y el capitalismo; en cada uno de éstos hubo por lo menos dos elementos en común: 1) la búsqueda de generación y acumulación de riqueza y 2) el incremento de las desigualdades sociales y económicas. Sobre los sistemas económicos se han montado diferentes formas de gobierno, de monárquicos a republicanos y con diferentes rasgos en el acceso al poder, entre dictatoriales y democráticos; estos últimos con la función de reducir las desigualdades inherentes al sistema económico. Si se tiene esto presente, la existencia de pobres, ricos y clase media, no parecerá un capricho divino o un ineludible destino con una distribución, del poder y los ingresos, ajena al devenir histórico, sino una configuración lógica y explicable de las sociedades occidentales en el curso de 25 siglos.

La clase media estuvo involucrada en los procesos revolucionarios de Inglaterra (siglo XVII) y Francia (XVIII); en los independentistas y revolucionarios de los países americanos (XVIII-XX). Luego de la abrupta caída de la economía mundial (Gran depresión de 1929-1933) y de su recuperación económica y financiera, después de la Segunda guerra mundial (1939-1945), el concepto de clase media empezó a estudiarse de forma sistemática y, paradójicamente, fue cuando se tornó más inasible. Tan es así que, en la década de 1980 empezaron a aparecer diversos estudios sobre las clases medias (en plural), en donde caben pequeños y medianos empresarios, altos directivos (gerentes) y profesionales (técnicos, licenciados y posgraduados), con funciones específicas, estudiadas por expertos como David Lockwood, John Goldthorpe, Charles Wright, Pierre Bourdieu y Mike Savage, en el marco de las escuelas marxista y weberiana, hacia finales del siglo pasado.

Ahora bien, ¿qué características hacen a una clase la clase media en las sociedades contemporáneas? El acceso a tres factores: activos de propiedad, activos culturales y activos organizacionales, que potencialmente pueden construir clases socioeconómicas, colectividades identificables por niveles de ingreso, estilos de vida, cultura, orientaciones ideológicas y políticas, y destrezas, principalmente. Sin embargo, para que surja la clase deben suceder acciones o eventos de explotación de personas o de habilidades y, por supuesto, haber transcurrido más de dos generaciones. En ese sentido, los activos de propiedad forman la base más sólida de las clases medias, con las trayectorias de ingresos más continuas y ascendentes, porque pueden acumularse y heredarse con relativa facilidad, por ejemplo, un empresario con un máximo de 250 trabajadores, según el giro. Por su parte, los activos culturales también pueden acumularse y heredarse; sin embargo, para que dichos activos puedan producir recompensas económicas, utilidades, requieren de mercados laborales específicos y el establecimiento de relaciones personales e institucionales sólidas y duraderas; pensemos en un director editorial o en un especialista financiero en el mercado de futuros y sus entornos peculiares para desarrollarse. En cambio, los activos organizacionales constituyen la base más débil para la creación de clase media por no ser acumulables ni heredables, por ejemplo, aquellos trabajadores que cumplen únicamente funciones directivas, de asesoría o freelancers que, para producir su recompensa económica (ingresos), requieren aplicar sus conocimientos y saberes en entornos también específicos y especializados.

Las clases medias deben tener aspiraciones y no caer en la trampa de la ambición. Cabría preguntarse si lo que deseamos es conducido por la ambición o por una aspiración. Es indispensable que las clases medias, y todos en general, nos veamos fijamente en el espejo del debate público (en el Twitter o en la mañanera) y si ello pasa por enojarse con el Presidente Andrés Manuel por su forma de pensar a las clases medias, ¡perfecto! Ni un mandatario había puesto las condiciones para el inicio de una politización de las clases medias casi etéreas en México en el último siglo.

Cierro esta primera entrega hablando de la teoría de la acción colectiva, es decir, cuando los individuos o grupos organizados logran un mayor impacto social y político, esto es: 100 personas organizadas tienen (o probablemente tengan) mayor impacto que 10,000 desorganizadas; es el caso del feminismo (hoy en día los feminismos), surgido en el seno de las clases medias a lo largo y ancho del mundo. Las mujeres tenían y tienen fuertes incentivos para organizarse; la identidad de género y una agenda ordenada y puntual, fueron esenciales para hacerlo en todas las áreas del quehacer social. ¿Tendrán incentivos comunes las clases medias para producir una organización semejante? ¿Es necesario que se organicen las clases medias para que las cosas cambien?

En la siguiente entrega se abordarán algunas formas cuantitativas para aproximarse al fenómeno de las clases medias en México.