De escrituras a contrarreloj o las locuras del clima

José Manuel Morales nos comparte su divagación con temas y tópicos tan dispares como las nubes, los días y la falta de organización para no llegar al extremo límite de escribir a contrarreloj

Hoy el día ha sido atípico, como queriendo poner a prueba todo intento de normalidad o de cotidiana jornada. Lo único constante ha sido la necesidad de adaptar, y reajustar, el esquema mental básico para transitarlo. Tormenta al mediodía, luego sol brillante, como espectáculo previo a una tarde platinada: No hubo manera de mantener la de por sí escasa fe en los desacreditados y cada vez menos vistos reportes del clima de los noticieros televisivos. Hoy el día quiso hacer su día y así se salió con la suya. Chamarras, paraguas, lluvia, sol, calor, despojarse de las prendas impermeables, a ratos incipiente frescura a la intemperie y sofoco dentro de cualquier habitación. De los planes ni hablar, quizá el mejor plan para hoy era precisamente ese, no planear nada porque, al fin y al cabo, nada de lo anticipado o proyectado previamente pudo realizarse. Y resulta que en el momento en que por fin me puedo poner frente al abismo de la hoja en blanco, reparo en que la jornada está por terminar. Lo único que no cambió, pese a los intempestivos cambios de humor climático, fue el inexorable transcurrir del tiempo.

Y aquí estoy sin un tema específico para desarrollar, recordando aquel dicho de que cuando no se tiene nada por conversar, o cuando hay la necesidad de romper un incómodo silencio, una buena manera para intentar salir de ese atorón es comenzar a hablar sobre las bondades o dificultades del clima, de manera que el hilo de la conversación o de la narración comience por desmadejarse o desatorarse por sí solo, entre nubes, gotas y soles, para que por fin se desate el fenómeno de la comunicación y el universo caótico de enunciados, que cruzan por la mente en el momento que más claridad deseas, logren expresar esos pensamientos, razonamientos, sentimientos o deseos en un discurso coherente sobre algo o alguien.

Pero parece que no hay intento que valga, ni las palabras precisas llegan ni las ideas exactas son convocadas a salir de su caos y ocupar el espacio justo en el texto que se niega; los minutos pasan y uno comienza por evadir su responsabilidad y decir que se está en este difícil momento no por una deliberada actitud de procrastinación, esa de la que a veces uno se ufana, pero que en el fondo se sabe bien que en realidad se padece, se sufre y casi nunca se goza pero que justo hoy, quizás como en otras ocasiones en que uno se ha sentido igual, se piensa que ese sentimiento de culpa, que comienza a crecer en medio del pecho, no es totalmente imputable a uno porque como se ha dejado constancia líneas antes, o quizá minutos arriba, o como mejor se diga o se escriba que para el caso es lo mismo, (en este momento no es importante la corrección oral o escrita) lo que se requiere es que las palabras aparezcan por sí solas, que lleguen abundantes, contundentes y rápidas como la lluvia de hace rato, para que inunden y refresquen la hoja en blanco y uno pueda salir de esta penosa situación en la que el reloj no se detiene.

Pero la lluvia se fue y, como dije, dió paso a un sol inusitado, a un calor agobiante como agobiante es el instante en que, otra vez, miro el papel vacío porque las ideas no aparecen, quizá las musas ya están entretenidas viendo series en streaming y no les interese echarle la mano al procastinador que a estas horas las llama. Entonces y como única salida, uno no tiene más remedio que recurrir al lugar común de decir que todo esto es consecuencia de un día atípico, anormal, que me ha empujado, casi contra mi voluntad a hablar del clima, de la dificultad de encontrar un tema, mientras el tirano del reloj no detiene su marcha y el horario límite para la entrega de la colaboración está por concluir.

Así que aquí estoy divagando con temas y tópicos tan dispares como son las nubes, los días y la falta de organización para no llegar al extremo límite de escribir a contrarreloj. Claro, el día hizo de las suyas y la lluvia y el sol y las nubes se instalaron arremolinadas en mi cabeza. Así las cosas con el loco clima, Usted ¿qué opina?