«Druk»: el alcohol contra la rutina y la infelicidad

23 de junio de 2021

Contada con gracia, pasión y sentimiento, Druk (‘Otra ronda’, 2020), de Thomas Vinterberg, evade el moralismo y no juzga, y así se convierte en una tragicomedia muy vitalista

La sola presencia de Mads Mikkelsen bastaría para ir a ver de Druk (‘Otra ronda’, 2020), de Thomas Vinterberg, quien dirigió aquel tremendo drama familiar a finales de los noventa: Festen. En esta su nueva película, con mucho brío y sobriedad (valga la expresión) cuenta la historia de cuatro profesores que, cansados de la rutina del mundo y de la apatía escolar, hacen el pacto de emborracharse controladamente durante las horas de clase en una suerte de “experimento” poco científico, basado en una teoría del psiquiatra F. Skårderud, que asegura que tener un 0,05 por ciento de alcohol en la sangre ayuda a mejorar personal y profesionalmente. La película, ha dicho su director, «no intenta vender alcohol ni trata de demonizarlo, porque igual que desinhibe y ayuda a las conversaciones y a socializar también destruye familias».

Un personaje de Scott Fitzgerald decía: “Bebo, porque al hacerlo, ocurren cosas”, y algunas de esas cosas que ocurren pueden ser la vida misma con sus depresiones o, quizá, esa especie de suerte que es la felicidad. En tal sentido, Druk va, me parece, más bien sobre la necesidad de recuperar el control personal y familiar, de romper la inercia de los días y beber para sentirse vivos y descubrir las acechanzas de la monotonía.

Rehuyendo, pues, el tópico de idealizar el alcohol como ruina y degradación ‘per se’, Vinderberg logra una película muy interesante e ingeniosa, divertida y a la vez arriesgada, incomodísima, para nada autocomplaciente. ¿En verdad el vino nos hace mejores? ¿O sólo es un bálsamo cuando estamos rotos por dentro? Quizá solo nos ayuda a mantener el control, a medio camino, sí, entre el estallido de júbilo y la autodestrucción. El hecho es que, contada con gracia, pasión y sentimiento, Druk evade el moralismo y no juzga, y así se convierte en una tragicomedia muy vitalista, con un impecable dejo celebratorio al llegar la secuencia final del cierre, que en sí misma vale la cinta y de una belleza muy peculiar.

Sin duda, Druk es la película más embriagadora de los últimos años. Véanla, está en cines.