Las fiestas de los antiguos purépecha

31 de julio de 2021

Sonia Iglesias y Cabrera nos cuenta que algunas fiestas de los antiguos purépecha conservan aún características meramente indígenas que remontan al pasado prehispánico de los pueblos originarios

Desde muy antiguos los indígenas purépecha han sido muy afectos a las festividades religiosas. Actualmente, las fiestas están determinadas por el calendario católico, como en la mayoría de los pueblos indígenas de México, si bien es cierto algunas de ellas conservan características meramente indígenas que remontan al pasado prehispánico de los pueblos originarios. De las fiestas antiguas no se cuenta con muchos datos.

Francisco del Paso y Troncoso, citado en un artículo de José Luis de la Huerta, encuentra las siguientes fiestas consignadas en la Relación de Michoacán:

Anónima. – Citada en la Relación el 14 de noviembre en que se registra la ida de don Pedro Zacatula.
Anziñasquaro o Ancínasquaro.- Comenzaba a la media noche en honor del fuego.
Caheracosquaro.- Citada por la llegada de CristóbaI de Olid a Taximaroa el 17 de julio.
Caheriuapansquaro.- Citada por la danza con cañas de maíz a las espaldas.
Coríndaro.- Fiesta en que llevaban a Cuerauahperi hasta la ciudad de Michoacán.
Cuinqo.- hacían figuras de bledos de animales y vestían tiras de pieles en las danzas.
Charapuzapi.- Sin detalles.
Eguatacnsquaro o Izcuataconscuaro. Es la fiesta de las flechas y el ajusticiamiento de los malhechores.
Hicuandiro.- Celebración en la que se adornaban las entradas de las casas y de las poblaciones.
Hubisperacuaro o Hunisperacuaro.- La historia de los huesos con cantos y danzas.
Mazcuto. Celebrada el 7 de junio. La Relación no dice que se hacía en esa fiesta, es mencionada por la adoctrinación religiosa cristiana.
Pevanscuaro.- Esta fiesta es mencionada también en la Vida de Vasco de Quiroga escrita por el lic. Moreno.
Purecoragua.- llegada de los españoles a Taximaroa.
Purecotacuaro.- Celebración en la que eran horadadas las orejas.
Sicuindiro.- Fiesta también dedicada a Cuerauaperi y a Curicaueri vistiendo tiras de pieles.

Vpansquaro.- Fiesta en el campo con las mazorcas de maíz mencionada el 25 de octubre. Tzitacuarensquaro.- Mencionada en la página 28 de la Relación.
En la Relación se describe que para los que iban a irse a la guerra, por la fiesta de Anziñasquaro se ponía leña en todos los altares de la región purépecha. Un sacerdote, el hiripati, junto con otros denominados curitiecha, a más de los cinco sacrificadores, se dedicaban a hacer pelotillas de encino en la casa del canzonci y las colocaban en calabazas, que cinco sacerdotes, los tinimecha llevaban en cazuelas que se colgaban al hombro y guindaban las calabazas a la puerta de las casas de otros sacerdotes, junto con los sacrificadores. Los dioses iban cargados, mientras se escuchaba el sonido de las cornetas. A la medianoche cuando miraban una estrella en el cielo, el hiripati tomaba las olorosas pelotillas, las arrojaba al fuego y se dirigía al dios del fuego diciéndole: Tú, Dios del Fuego, que apareciste en medio de las casas de los papas, quizá no tiene virtud esta leña que habemos traido para los ques, y estos olores que teníamos aquí para darle: recíbelos tú que te nombran primeramente Mañana de oro, y á ti Uredacuavecara, Dios del lucero, y a ti que tienes la cara bermeja, mira que con grita trujo la gente esta leña para ti. Cuando terminaba la oración, el sacerdote nombraba a todos los señores de sus enemigos de todas las regiones, a los sacerdotes y a sus sacrificadores. Poco después, los sacerdotes y los sacrificadores tomaban con las manos las pelotillas de olor, y hacían una ceremonia dedicada a la guerra, mientras que los cuiripecha arrojaban incienso en los braseros. El objetivo de la ceremonia de la guerra consistía en que los dioses enfermaran a los enemigos contra los que iban a luchar, y el sacerdote decía: ¡Ó Dioses del quinto cielo, como no nos oiréis de donde estáis, porque vosotros sois solo reis y señores, vosotros solo limpiáis las lágrimas de los pobres!

La oración debía dirigirse a los cuatro puntos cardenales y al “infierno”. La ceremonia se llevaba a cabo dos días y al finalizar, todas las pelotillas aromáticas se lanzaban al fuego sagrado. Esta ceremonia se realizaba al mismo tiempo en todos los poblados purépecha en donde era oficiado por los sacerdotes nombrados hiripacha.

Gracias a algunos cronistas y a la tradición oral, sabemos que los purépechas contaban con fiestas dedicadas a venerar sus dioses y diosas. Una de ellas, llamada Sicuindiro, estaba dedicada a la diosa Cuerauaperi, “la que hace nacer”, la diosa creadora, la cual se llevaba a cabo antes de que empezara el tiempo de lluvias. En dicha celebración se efectuaban sacrificios humanos en los que se arrancaba el corazón a los prisioneros de guerra y a los esclavos y se llevaban hasta las fuentes termales de Araró para ser arrojados en ellas, se trataba de un rito propiciatorio para que las lluvias no escasearan. A los sacrificados se les quitaba la piel y se la colocaban sobre su cuerpo los sacerdotes para bailar alrededor del cu con un atado de cañas de maíz a la espalda.

Con cinco días de anterioridad llegaban los sacerdotes. Los çésquárecha, los bailadores, entraban a las casas de los sacerdotes, acompañados de dos sacerdotes más, los hauripicípecha. Llegado el día de la fiesta los danzantes-sacerdotes se ataviaban con escudos de plata en la espalda y se colocaban collares de oro elaborados en forma de pequeñas placas lunares. Otros participantes de la danza eran los sacerdotes que simbolizaban a las sagradas nubes, para ello se ataviaban de la nube blanca y amarilla y de la nube colorada y negra. A la danza se agregaban cuatro sacerdotes más que encarnaban a los dioses que acompañaban a la diosa Cueráuaperi. Enseguida, se efectuaba la ceremonia del sacrificio mencionado para que la diosa enviase la lluvia desde su morada en el oriente. No solamente echaban los corazones en la fuente principal, sino en todas las que hubiera en ese pueblo que dedicaban a otros dioses, fuentes todas de donde se decía que salían las nubes. En seguida, los hauripicípecha, “los cortadores de cabello”, pintados de rojo y con mantas en la cabeza, les cortaban a algunas de las personas asistentes a la celebración el pelo con una navaja, lo ponían en la sangre de los sacrificados y lo echaban al fuego. Al día siguiente, ejecutaban una danza vestidos con la piel de los sacrificados y se emborrachaban durante cinco días. En el mes Charápuçapí se llevaban ofrendas a los muertos sacrificados durante la fiesta.

Según el investigador Pablo Alarcon-Cháires los antiguos purépecha celebraban diez y ocho fiestas religiosas cuyas ceremonias y rituales estaban relacionadas con el clima, las cosechas y la astronomía. como la fiesta llamada Pejuaskuaro (tiempo de renacimiento) relacionada con el solsticio de invierno, o la llamada Sïkundiro (despellejamiento) asociada con el año nuevo; así como la fiesta de los muertos en la cual desde antaño se les ofrecía comida a los muertos, y se inicia la cosecha de los productos anteriormente sembrados. La fiesta llamada Kurhíndaro se asociaba con el maíz, lo mismo que la K’eri Uapántskuarhu, en cuyos bailes se cargaban bailes en la espalda.

Estaba también la fiesta Kaheri, la fiesta de los grandes barrios, en la cual los danzantes llevaban plantas de maíz. La fiesta Kuingo estaba estrechamente ligada con la cacería. Basten estos ejemplos para nuestro propósito.