Triste Simone

27 de julio de 2021

El documental de Netflix «What happened, miss Simone?» (2015), de Liz Garbus, de manera muy justa relata la ambigua personalidad de la gran artista y sus correlatos vivenciales

A Nina Simone le costaba ser Nina Simone, las veinticuatro horas del día. Era dificil para ella disociar su vida personal del escenario. Solo había un problema: lo que al frente de sus audiencias era talento y pasión, abajo, en su rutina cotidiana, era ira y desenfreno, una bestia parda más del mundo musical. Había en su voz, profunda y oscura, un tono metamórfico que delataba una extrema urgencia. Como el jazz.

En sus inicios ella no quería cantar, solo quería tocar el piano con sus manos firmes y dedos larguísimos. Se había preparado para ser la primera pianista negra de concierto en Estados Unidos. Su figura es esencial, arrolladora e imprescindible, para entender la lucha y evolución de la justicia racial en aquel país. «¿Cómo se puede ser artista y no reflejar la época en que uno vive?», decía. Fue siempre un alma indómita, rebelde. Como el soul.

El documental de Netflix ‘What happened, miss Simone?’ (2015), de Liz Garbus, relata -muy justito- esa ambigua personalidad de la gran artista y sus correlatos vivenciales: violencia sexual, racismo, activismo, nihilismo y, sobre todo, virtuosismo y emoción. La de Simone es una historia muy triste, con más infierno que cielo pese a su inmenso talento, pero que al proyectarse ante nosotros se vuelve entrañable y nos conmueve con su propia voz de fondo. Es triste como sus canciones, como sus conciertos, como ella misma. Como el blues.

Véanlo antes de que lo quiten.