La música invisible (el poeta Jorge Bustamante García)

9 de septiembre de 2021

Rafael Calderón nos comparte este retrato de Jorge Bustamante García, quien el próximo octubre cumplirá 70 años, por lo que vale la pena celebrarlo, invitando a conocerlo y leer su trabajo literario

Para Olga, naturalmente

I

Inventario de opiniones breves

La ciudad de Morelia es la casa de la presencia para varios escritores y poetas. Después de visitarla se han quedado a vivir por temporadas cortas o largas, y en su obra la ciudad ha pasado a ser parte de su historia literaria. Hoy en día destaca la presencia en Morelia de Jorge Bustamante García (Zipaquirá, Colombia; 18 de octubre de 1951). Antes de pasar a comentar las traducciones que realiza de poetas rusos, sus propios poemas o parte de su ensayística, quiero traer a colación la presencia de otros visitantes que han resultado interesantes para reconocer esa tradición que sobresale por la presencia de quienes en otros tiempos la han visitado.

Hace varios años pasó por la ciudad un colombiano llamado Porfirio Barba Jacob, y en La Piedad dio un recital. Las páginas del semanario de información y combate Brecha publicaron el 24 de marzo de 1935 un poema de su autoría con motivo de su recital y se consigna que permaneció varias semanas; se trata del poema “Lamentación de octubre” que se puede leer en las páginas de aquel semanario y hoy día en la edición de la poesía compilada por el colombiano y novelista Fernando Vallejo. Otro poeta que estuvo en Morelia, dejando honda huella, es Pedro Garfias; las crónicas de aquellos días registran testimonio de que anduvo por las calles morelianas como verdadera leyenda de la poesía española; cuando se rehaga la historia de su vida sorprenderá su discreta y apasionada presencia y la precisión de su memoria para recitar poemas de Antonio Machado en el Aula Magna del Colegio de San Nicolás. La estancia en la ciudad del venezolano Rómulo Gallegos es relevante: desde Morelia se inspiró para escribir su obra narrativa donde deja huella de perdurabilidad; se dice que su novela clásica Doña Bárbara la escribió en esta ciudad.

Esta tradición literaria y cultural continúa y puede citarse la presencia del poeta y traductor Jorge Bustamante García, siempre acompañado por su esposa Olga. Su presencia se vincula estrechamente con Morelia y varias regiones michoacanas; lo interesante es que despliega una actividad que se vuelve única, apasionante. Su nombre se encuentra asociado con una edición especial, Monografía geológico minera del Estado de Michoacán, que realizó como primer autor y publica el Consejo de Recursos Minerales, después Servicio Geológico Mexicano, donde trabajó por 30 años en su calidad de geólogo; en esta edición se incluye como referencia histórica El Lienzo de Jucutacato, ya que en él se ilustra cómo obtenían el cobre los antiguos purépechas. Morelia es el punto de encuentro. Bustamante García es autor de varios títulos esenciales en su larga bibliografía publicada; hoy día, asumió la nacionalidad mexicana.

No es extraño que entre finales del XX y los años transcurridos del presente siglo, su nombre es el de un destacado traductor de poesía y por su profesión de geólogo es un viajero frecuente entre México, Colombia y Rusia y de las distintas serranías de la tierra michoacana. Entre México y Colombia su presencia es vigente; por lo menos 40 años los ha vivido ininterrumpidamente en Morelia. Su obra se publica en México, Colombia y España; un ejemplo muy sobresaliente son los poemas que traduce de Anna Ajmátova o El instante maravilloso que ya es una antología canónica.

El mapa mundi de su escritura registra que es un poeta de una intensidad lírica fabulosa y las traducciones que realiza llevan lejos; o decir que llegamos al encuentro del universo de su escritura que va de la narrativa a la crónica y define su pasión finisecular de ensayística y, ver todo esto como visión de la escritura y la lectura: oír y reflexionar al mismo tiempo. Su poética deja visible esa teoría y práctica de la traducción. Por eso, hay que explorar y recorrer ese universo de su condición exquisita de poeta, ubicar su inventiva del doble y acertado ejemplo con el que explora el lenguaje: es desde donde habla, sincroniza y sus memorias hacen de la crónica una batalla que pareciera suceder como un reencuentro con la vida. La realidad es que impregna por destellos y recordar donde nació, en qué país vive, el lugar de su estancia; Colombia y México son países unidos por el mismo idioma. Jorge Bustamante García reside en Morelia, México, desde 1982.

En su obra de poemas, ensayos, crónicas, o novela y cuento y de traductor existe un resumen completo de títulos que reflejan momentos claves de su travesía: Antología de una generación dispersa. Nueva poesía de Costa Rica (Editorial Costa Rica, 1982); Invención del viaje (poesía, Libros del Fakir, México, 1986); El canto del mentiroso (poesía, Secretaría de Cultura de Jalisco, Guadalajara, 1994); El desorden del viento (poesía, UAM, México, 1989); El caos de las cosas perfectas (poesía, UAM, 1996); Henry Miller: entre la desesperanza y el goce (ensayo, Bogotá, 1991); Literatura rusa de fin de milenio (ensayo, Ediciones sin Nombre, 1996); Diez modos de contemplar un río (cuento, Verdehalago, México, 2004); El milagro de las cosas nombradas (Ediciones San Librario, Bogotá, 2010); El viaje y los sueños. Un ensayo vagabundo, un recorrido por la obra de Sergio Pitol (ensayo, UNAM, 2013); Las calles de las ciudades ajenas (novela, Sílaba Editores, Medellín, Colombia, 2018), cuya trama ocurre tanto en Colombia como en la Unión Soviética de los años setentas.

Sus traducciones de autores rusos han sido publicadas en México, España y Colombia: Poemas de Anna Ajmátova (UNAM, 1992); Cinco poetas rusos (Editorial Norma, Colombia, 1995); Palabra del solitario. Ensayos sobre poesía rusa (Verdehalago, México, 1998); Poemas escogidos de Anna Ajmátova (Editorial Norma, Colombia, 1999); El instante maravilloso: Poesía Rusa del siglo XX (UNAM, 2004, 2014); El Perro Vagabundo y otras memorias de escritores rusos (Filodecaballos, 2008, Conaculta, 2015); La ironía y otros ensayos de Alexander Blok (Verdehalago, México, 2008); Lev Tolstói. Conversaciones y encuentros en Yásnaia Poliana (Fórcola, España, 2012); La vida entera y otros cuentos raros de escritores rusos (Verdehalago, México, 2013); y la novela utópica Estrella Roja de Alexandr Bogdánov (Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 2020).

Este inventario de opiniones breves puede resumirse por ahora con un título: Poemas de Ajmátova y señalar la huella y deleite del paladar en castellano por estos versos únicos o destacados. Hay que reconocer que, “Jorge Bustamante García, poeta colombiano que vive entre nosotros, pone en manos del lector una muestra de esa obra espléndida, y en la introducción termina por afirmar la vida y la obra de Anna Ajmátova”.

II

Obertura: la poesía

Con acierto, Jorge Bustamante García de sí mismo escribe autobiográficamente: “Soy autodidacta, lector, caminante, soñador, explorador que encontró oro auténtico en los poemas de Apollinaire. Nací en Zipaquirá, Colombia, pero soy tan de allá, como de acá, México, Morelia, donde me he dedicado a imaginar minerales y cultivar amigos. Creo que caí a los inicios de las lecturas literarias, gracias a la lectura desordenada, caótica y abundante de historietas y comics de todo tipo que nutrió buena parte de la infancia y los años tempranos de adolescencia. En la temprana juventud me fui a la Unión Soviética a estudiar geología, acompañado de unos cuantos libros y muchas ilusiones. La geología ha sido una experiencia vital en mi vida, su práctica diaria, la cercanía con lo que significan las rocas y sus relaciones, y lo que se puede leer en ellas, ha sido para mí algo que tiene que ver con las preguntas originales, iniciáticas, como sucede también con la poesía”. Quiero decir ahora de su indagación lírica y encontrar la particularidad de la poesía por los cinco títulos publicados, o ir a poemas dispersos en suplementos. Es un autor que entraña el apasionante y discreto encuentro y la auténtica levitación con la exploración del lenguaje y termina por definir su estilo y nombrar la metáfora que entraña para el idioma la música de su poesía.

Puede que un poema sea el punto de partida y precisar que su nombre es parte de la lírica de estos tiempos y sumar en su escritura por lo menos 35 años de actividad y reconocer la travesía de su lírica por Invención del viaje (1986); El desorden del viento (1989); El canto del mentiroso (1994); El caos de las cosas perfectas (1996) y el poemario aun inédito que ha tenido a bien titular Año 2030.

El poema entrañable de su escritura existe y lleva por título nada menos que “Tristeza por la patria”. Desde este verso a verso nombra la realidad y enfrenta su decir con un lenguaje que comparte su posición donde nombra paisajes y escenarios. Entraña algo de aquellos recuerdos y designios por la vida y de la patria del silencio. Así es como sucede todo alrededor del poema. Por este puede reconocerse su poética. Así prefiero ubicar su lugar ante el curioso lector y encontrar salida a ese puerto de varias posibilidades. Como recordar que existe esa huella sólida que dice la presencia de la nostalgia, el deslumbrante de la vida, el tema del exilio; como recordar que se duele de la patria ante la experiencia personal, pero nombra y maravilla ante ciertos recuerdos, describe con las palabras del idioma que se vuelven luminadoras ante la posibilidad del poema.

Hay que recordar que su búsqueda para bien del género de la poesía remonta a la existencia de una revista en México que ya hizo historia: El Cocodrilo Poeta. En ésta colaboró en el primer número, y para la edición del invierno 1997-98 dedicada a explorar la poesía michoacana y los coletazos de “una tarascada más a la poesía”, se leen cuatro poemas de Bustamante García: “Los ríos”, “La palabra”, “Cachivaches” y “Viajes II” (por lo que remito al lector ir a estos poemas por su cuenta y reconocer las huellas de su lírica). Pero indagando un poco resulta aleccionador saber que pertenecen al título El caos de las cosas perfectas. Estos versos son un goce de la lectura, parte de una pasión del encuentro con el sonido de las palabras, revelan novedad tanto por la belleza lírica como por el ritmo de las palabras: el sonido de su música -debo decir- entrañan un estilo muy particular.

Estos poemas son en conjunto parte de una estructura interna muy intensa y apasionada: despliega el encuentro con un ritmo interior, las pausas son parte del río abundante para reconocer sonidos: es un logro del encuentro de sonidos y con el juego verbal, la distribución de las palabras toma presencia plena, están vivas, adquieren vida propia. El verso exige una segunda o tercera lectura para reconocer que lo que nombra está habitado por diferentes correspondencias de sonidos e imágenes y decir que el río es de agua, las cordilleras llegan a éste y, juntos, llevan al mar; estos versos colindan con lo límpido del agua y lo cristalino de la escritura y permite desplegar el encuentro con diferentes esencias: el exilio y la patria, la realidad vivida, o nombrar por el verso lo que entraña para su propia vida. Como decir que el poema es pasión por la trama: deleita por un color como el viento y de breves deidades. Es gran poeta colombiano, pero ahora en el exilio, estos elementos en su poesía adquieren sentido: registran su presencia nada menos que en las ciudades donde ha vivido. Todo sucede como parte de la enseñanza de la vida para descubrir asimismo poetas entrañables y distintos al idioma suyo, como sucedió con Anna Ajmátova, Ossip Mandelstam y Marina Tsvietáieva; sin perder de vista que su influencia temprana es el poeta francés Apollinaire. Puede verse con toda claridad que estos autores nutren su poética. Por ese ejercicio de admiración los traduce al español y sucede el ineludible encuentro y los vuelve parte de su realidad autobiográfica.

¿Cuánta falta hace tener precisión del significado de ciertas palabras más allá del idioma y prestar atención a su popularidad o ver como él en su condición de poeta colombiano, pero del idioma español contribuye a recuperar ciertos ecos o regionalismos para anotar su presencia en un poema? Éste es el puente que se abre al primer encuentro con ese mundo de distintas posibles que encierra la poesía. Tiene razón Graciela Bellón al decir que Bustamante García “desordena el caos para luego ordenarlo”. Así su lenguaje, ese ejercicio que sobresale por el ritmo particular de su entonación cargada de sueños: “captura sus señas profundas y nos ofrece un retablo de intensidades”. Trasciende el signo del tiempo: punto de encuentro para el viaje deseado. Es un gran viaje el que se extiende como novedad entre preguntas e interrogantes. En realidad, puede ser un recorrido secreto entre luces y sombras y sucede por el asombro de lo que se dice y está presente por un verso. En ese instante permite reconocer esto: lo explique por las palabras, y el idioma y su exploración, la existencia de la misma poesía, en realidad alcanzan ese decir que existe por una línea, resulta determinante, para nombrar la perdurabilidad de su huella.

El resumen por lo mismo lo ofrece a mi gusto muy personal “Tristeza por la patria” por el sonido y su música que entraña un eco y los versos giran y hacen vibrar. Veamos: “Me hablan de un país / Y yo pregunto si será, acaso, / Un país el permanente exilio / Donde sólo se escucha el silencio. / Qué país es ese donde las amapolas / Amanecen con sueños abiertos / Mirando los sueños de los hombres / Romperse contra el paisaje. / Me hablan de un país de millones de fantasmas / Que deambulan como locos intentando recuerdos / De cuando fueron reales en medio de la sangre / De cuando tuvieron sed en medio de la guerra. / Cuál será ese país del que me hablan / Donde los poetas se desgarran y cantan / Cantan desgarrados mientras los tiros suenan / Por las calles locas de la locura loca. / Me hablan de un país / Y me dicen «pero si ese es su país» / Y yo les digo que sí, que cómo no, / Que ese es mi país, el del silencio”.

III

Sin perder de vista que, por el recorrido que entraña su bibliografía, aun falta situar su presencia en el género del ensayo y su destacado lugar como traductor, así como extender la lectura a su narrativa y las crónicas de las que es un autor exquisito, por esa suma de invención a la manera de los personajes que lo han acompañado y ya son legendarios como Nicolás Azul: su célebre personaje que entra en acción y empieza a realizar un recuento autobiográfico de sí mismo.