Salud mental

2 de septiembre de 2021

Para Arturo Chávez Carmona el confinamiento en casa somete a presiones que si no saben confrontarse estallan en conflictos intrafamiliares

La enfermedad mental está identificada fundamentalmente como un padecimiento de la especie humana. Individuos que de pronto saltan de una vida rutinaria y cómoda a una situación de aislamiento, tristeza, conducta errática, violencia. Frecuentemente en la raíz de estos padecimientos está la adicción a algún tipo de drogas, como la cocaína, la heroína, el alcohol. Otras veces hay cierta predisposición hereditaria, que no todas las escuelas de psicología aceptan, y por algunas condicionantes ambientales y sociales se dispara esa manía del ser que vulgarmente conocemos como locura. En tiempos de pandemia cuatro de cada cinco individuos adultos han padecido episodios depresivos. El confinamiento en casa, la convivencia permanente con esposa e hijos, con esposo, somete a presiones que si no saben confrontarse estallan en conflicto intrafamiliar. También la tasa de divorcios o separaciones ha aumentado, la violencia intrafamiliar es otro dato. Los niños que tienen antecedentes de depresión corren un riesgo particular durante estos tiempos estresantes, pero eventos perturbadores significativos, como la pandemia, también pueden desencadenar depresión en niños que no han mostrado ningún síntoma previamente.

La pandemia de COVID-19 ha provocado una crisis de salud mental. Los pacientes que han dado positivo para COVID-19 también experimentan insomnio, delirio o incluso depresión. Muchas personas están agobiadas por el miedo a desarrollar enfermedades graves, y otras están comprensiblemente preocupadas por sus vidas. La investigación inicial indica que tanto como un tercio de los pacientes que se recuperan de COVID-19 pueden tener cambios duraderos en su estado de ánimo, y sufren de ansiedad o depresión. Las enfermedades de salud mental constituyen una epidemia silenciosa que ha afectado a las Américas mucho antes de COVID-19, con depresión y ansiedad como dos de las principales causas de discapacidad. La región también tiene el segundo nivel más alto de consumo de alcohol en el mundo. En los últimos meses hemos sentido: miedo a la infección o ansiedad si estamos enfermos; dolor porque nuestros seres queridos que han sucumbido al virus; incertidumbre sobre el futuro, ya que el trabajo y la vida como la conocíamos se ven amenazados; agobio por las noticias y la falta de información; y soledad o aislamiento tras semanas o incluso meses de distanciamiento social. Y aunque es posible que estemos haciendo frente a este estrés de distintas maneras, todos estamos sufriendo, especialmente quienes están afectados por trastornos de salud mental preexistentes.

Unidos, una organización no lucrativa, analiza los efectos de la pandemia por COVID-19 en la salud mental de los jóvenes adultos, midiendo principalmente los factores de la depresión y la soledad. El estudio se realizó a través de un cuestionario anónimo en línea, con participantes de entre 18 y 35 años, y teniendo en cuenta factores como la ansiedad y de uso de sustancias.

Los resultados, publicados en Journal of Psychoactive Drugs, señalan una situación alarmante: un 80% de los participantes refirieron síntomas significativos de depresión. Aproximadamente un 61% de los participantes comunicaron que sufrían ansiedad: entre estos, un 45% sufrían ansiedad moderada y, un 17%, ansiedad severa. Además, un 30% de los individuos refirieron un uso excesivo del alcohol. Un 22% de los participantes admitieron consumir drogas y, entre estos, un 38% consumían de forma severa. Se estudió la relación entre los sentimientos de soledad y los otros problemas. Entre los participantes que afirmaban sentirse solos, un 58% aumentó el consumo de alcohol y un 56% el consumo de drogas. Además, un 76% experimentó un empeoramiento de los síntomas de ansiedad y, un 78%, los síntomas de depresión. El 58% sentían una mayor desconexión social. Es decir, se encontró un vínculo entre la soledad y el incremento de los problemas de salud mental y del uso de sustancias durante la pandemia. Los participantes de la encuesta señalaron un empeoramiento de estos problemas debido a la COVID-19.

“No hay salud sin salud mental”. Los trastornos mentales aumentan el riesgo de padecer enfermedades transmisibles y no transmisibles, además de contribuir a las lesiones no intencionales e intencionales. También, muchas condiciones patológicas aumentan el riesgo de padecer trastornos mentales; esta comorbilidad no sólo complica la búsqueda de ayuda y de tratamiento, sino que influye en el pronóstico; por otro lado, muchas de esas condiciones podrían evolucionar favorablemente si se abordaran de manera adecuada los aspectos de salud mental. Pero más allá de la ausencia de enfermedad, concebimos la salud mental como un estado de bienestar en el que el individuo realiza sus capacidades, supera el estrés normal de la vida, trabaja de forma productiva, y aporta algo a su comunidad.

En los países de ingresos bajos y medios, entre un 76% y un 85% de las personas con trastornos mentales graves no reciben tratamiento; la cifra es alta también en los países de ingresos elevados: entre un 35% y un 50%. El problema se complica aún más por la escasa calidad de la atención que reciben los casos tratados. El Atlas de Salud Mental 2011 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aporta datos que demuestran la escasez de recursos de los países para atender las necesidades de salud mental y señalan la distribución inequitativa y el uso ineficiente de esos recursos. De acuerdo con la OMS, el gasto mundial anual en salud mental es inferior a US$2 por persona, e inferior a US$ 0,25 por persona en los países de ingresos bajos; el 67% de esos recursos económicos se asigna a hospitales exclusivamente psiquiátricos, pese a que se asocian a malos resultados sanitarios y violaciones de los derechos humanos.

La reorientación de esta financiación hacia servicios de base comunitaria, con integración de la salud mental en la atención sanitaria general y en los programas de salud materna, sexual, reproductiva e infantil, de VIH/sida y de otras enfermedades no transmisibles crónicas, permitirá que muchas más personas accedan a intervenciones mejores y más costo efectivas.

El Programa de Acción Específico en Salud Mental del Gobierno de México, es el instrumento técnico referencial a través del cual el Secretariado Técnico del Consejo Nacional de Salud Mental (STCONSAME) dicta las estrategias y líneas de acción para llevar a cabo la operación en los tres niveles de atención, incluyendo los indicadores para la planeación de recursos que coadyuven a implementar cada una de las intervenciones. El Programa se elaboró siguiendo los lineamientos del Modelo Miguel Hidalgo de Atención en Salud Mental, el cual, tiene como antecedente la Reforma Psiquiátrica en Italia, España y México.

La Reforma Psiquiátrica se construyó siguiendo tres principios: 1. El fortalecimiento de las acciones que aumentan la promoción de la salud mental, así como de la atención comunitaria, potenciando los servicios a nivel ambulatorio y reduciendo al máximo posible la necesidad de hospitalización. La hospitalización, cuando es requerida debe ser de estancia corta, en unidades psiquiátricas incorporadas a hospitales generales idealmente; 3. La existencia de servicios de rehabilitación psicosocial y reinserción social que integren a la persona con enfermedad mental a su comunidad. Estos principios tienen el objetivo de disminuir en lo posible hospitalizaciones, reingresos y erradicar de manera definitiva estancias prolongadas, otorgando a los usuarios una mejor atención y al mismo tiempo una mayor calidad de vida. En caso de existir hospitales psiquiátricos, éstos deberán dar cabal cumplimiento a la NOM-025-SSA2-1994 para la prestación de servicios de salud en unidades de atención integral hospitalaria médico psiquiátrica, la cual vela por el cumplimiento de los Derechos Humanos de los usuarios.

El Modelo Miguel Hidalgo de Atención en Salud Mental, contempla la creación de nuevas estructuras de atención, a partir de las cuales se integrarán los elementos suficientes para modificar la visión y el trabajo de las instituciones, de tal forma que los servicios operen conforme al respeto a los derechos de los usuarios, y reciban una atención integral médico-psiquiátrica con calidad, calidez y gratuidad. Ofrece una red de servicios con distintas alternativas de promoción de la salud mental, prevención, atención ambulatoria, hospitalización y reinserción social, para personas de cualquier edad, que padecen algún trastorno mental. Este modelo comunitario de atención puede otorgar mejores respuestas ante la necesidad de elevar el nivel de salud de una comunidad y promueve la gratuidad de los servicios. El Modelo Miguel Hidalgo de Atención en Salud Mental, así como el Programa han coincidido plenamente con las disposiciones del Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2020 de la Asamblea Mundial de la Salud, OMS.

La implementación práctica del modelo Miguel Hidalgo se ha visto limitada por la demanda de inversiones en el periodo de pandemia. Existe sin embargo la esperanza y la demanda de organizaciones sociales, de profesionistas de la psicología y familiares de enfermos mentales en tratamiento y recuperación, de que se vaya paulatinamente implementando la red de organismos e instituciones para que ya no se concentre la atención en los hospitales psiquiátricos y fomente la participación de la comunidad en el cuidado y recuperación de sus enfermos.