Una buena noticia para Biden desde Venezuela

10 de septiembre de 2021

Fabián Campos Hernández explica que se abre la posibilidad de que desde la base del gobierno de Nicolás Maduro se produzca una sublevación entre los partidarios de seguir con un proceso de transformación

Joe Biden asumió el poder con un pesado fardo heredado por Donald Trump: Juan Guaidó y su “gobierno”. Washington cabildeó fuerte para que su títere fuera reconocido por los países de la Unión Europea y los latinoamericanos del “Grupo de Lima”. A pesar de no representar nada en Venezuela, la “presidencia” de Guaidó le sirvió a la Casa Blanca para implementar un fuerte embargo de activos internacionales que llevó al gobierno de Nicolás Maduro a enfrentar una situación económica y social cada vez más crispada entre el pueblo venezolano y las propias filas del madurismo.

A pesar de que el objetivo principal de Donald Trump no se cumplió, Joe Biden no pudo cambiar la política exterior de Estados Unidos respecto a Venezuela. El actual mandatario tuvo que aceptar la fractura al interior de la alianza internacional que pugnaba por un cambio de régimen en el país sudamericano. Gobiernos de América Latina y Europa reconocieron la legitimidad del mandato de Nicolás Maduro y empezaron a impulsar una salida negociada al conflicto social, político e internacional. Washington tuvo que esconderse cada vez que desde Caracas se hablaba de negociaciones directas entre la Casa Blanca y el Palacio de Miraflores, bajo la lógica de que resultaba más rápido y efectivo “negociar con el dueño del circo y no con los payasos”.

En esta semana tuvo lugar la segunda ronda de negociaciones entre el “Gobierno de Venezuela” y la “Plataforma Unitaria de Venezuela”. Eso fue un duro golpe para la Casa Blanca y la oposición, puesto que las negociaciones conllevaron el reconocimiento implícito y explicito de que en Venezuela hay un gobierno y este es el de Nicolás Maduro.

El segundo golpe para Joe Biden es que la participación de su títere en las negociaciones es sumamente débil. Cada vez, más fuerzas opositoras de Maduro, pero también de Guaidó y Capriles, aceptan participar en las elecciones legislativas de noviembre próximo. Lo que profundiza las posibilidades de que otros gobiernos reconozcan al régimen venezolano y se resquebraje el bloqueo económico y comercial que ha tenido como resultado la crisis social. La Casa Blanca sabe que no puede retirar a su títere. Si Guaidó y Capriles no participan en las elecciones, Joe Biden no podría sostener frente a sus aliados en Europa a un “gobierno” de cafetín cuyos integrantes se ha dedicado a saquear los fondos internacionales de Venezuela. Y la presencia de ellos en las negociaciones es de sí ya un reconocimiento a Nicolás Maduro.

El tercer golpe para Joe Biden desde Venezuela viene de la propia oposición. Incluso en el mejor de los escenarios posibles, uno donde los grupos antiMaduro pudieran ganar la mayoría de la Asamblea Nacional, el fraccionamiento y enfrentamiento entre los opositores venezolanos hacen muy difícil pensar que son capaces de ganar unas elecciones presidenciales. Entonces, incluso con un poder legislativo opositor, Nicolás Maduro saldría fortalecido de estas negociaciones. Que los opositores dominen el Congreso serviría de carta de presentación ante la Unión Europea de que en Venezuela hay un sistema electoral competitivo, lo cual es, según esas definiciones, una muestra de democracia. Lo que resquebrajaría cada vez más el bloqueo económico y comercial impuesto por la Casa Blanca.

Pero, en ese escenario, desde Venezuela, llegó una excelente noticia para Joe Biden. En las elecciones internas del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), instrumentadas para elegir a los candidatos a gobernadores y alcaldes que competirán en las elecciones de noviembre próximo, los resultados fueron sorprendentes. Por decir lo menos. 4 de cada 10 gobernadores en funciones que se presentaron como candidatos a reelegirse perdieron la contienda. Lo más dramático vino de los alcaldes, el nivel de gobierno con el que la población esta en contacto más directo e inmediato. Solamente el 8% de los alcaldes del PSUV en funciones ganaron la posibilidad de presentarse candidatos a la reelección.

Esos números deben de poner en alerta a Nicolás Maduro y a su gobierno. Esos resultados hablan de una desaprobación creciente por parte de sus propios militantes en el nivel más pequeño de la política nacional. Muchos de esos políticos electos gobernadores y alcaldes debido a que la oposición se presentó dividida y enfrentada, fueron postulados debido a su cercanía con el establishment y no por su representatividad popular. Y esto, en un partido que se define a sí mismo como, básicamente, un movimiento social, es sumamente grave.

Este resultado es una gran noticia para Joe Biden por una razón. Abre la posibilidad de que desde la base del gobierno de Nicolás Maduro se produzca una sublevación entre los partidarios de seguir con un proceso de transformación social, económica, política y cultural en Venezuela, pero que no están dispuestos a darles un “cheque en blanco” a los políticos más cercanos a Nicolás Maduro.

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