Centroamérica: la estrategia neurálgica

27 de octubre de 2021

Para Víctor Hugo Lozada, el proyecto para América Central por parte de Estados Unidos no estará exento de vastas polémicas; para México, es la oportunidad de retomar una presencia significativa en la región

John Kerry estuvo en México el pasado 18 de octubre. El controvertido dirigente del Partido Demócrata y enviado especial para el clima de la presidencia de los Estados Unidos de América, cumplió una reunión oficial con el presidente Andrés Manuel López Obrador. La visita puede interpretarse como de máxima importancia, pero los grandes medios de comunicación nacionales la cubrieron discretamente, o trivializaron el evento. Si bien son conocidas las limitaciones de nuestra prensa para interpretar la política internacional, en está ocasión no se trata de un asunto menor. El encuentro no sólo puede entenderse como una “supervisión” del Programa Sembrando vida, operado por el gobierno mexicano. La visita oficial se inserta en el contexto de mayor migración hacia el país del norte, cuando se estima que 1.7 millones de migrantes fueron deportados de Estados Unidos entre octubre del 2020 y septiembre del 2021 (https://bit.ly/3nxQXHm).

El Gobierno estadounidense no ha tenido más opción que responder positivamente a la propuesta del presidente López Obrador y encabezar un proyecto de desarrollo para el norte de Centroamérica. En una carta, el presidente Joe Biden agradeció a su homólogo mexicano la aportación de 90 millones de dólares durante el 2021 y anunció que ha solicitado al Congreso de su país 1,400 millones para el año 2022. Se trata de definir en este momento los presupuestos y programas específicos a los que Estados Unidos destinará casi 4 mil millones de dólares en los próximos cuatro años. (Los Angeles Times 14/X/22).

Al inicio de su mandato, los críticos del presidente mexicano denunciaban una nula visión internacional, por una supuesta obsesión en atender el mercado interno. La presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el difícil tema migratorio, la mediación diplomática, la estrategia internacional para la adquisición y distribución de las vacunas han desbaratado la tesis de los internacionalistas más ortodoxos. Incluso, admitiendo el error de abrir la frontera sur en diciembre del 2018, la asimetría de fuerzas entre nuestro gobierno y el de Donald Trump hubiera encontrado otro pretexto propicio para convertirnos en su espacio de contención de migrantes. El gobierno de la 4T aprendió sobre la marcha y ahora, aprovechando las habilidades del canciller Ebrard, tiene una compleja agenda internacional. Entre los temas internacionales destaca el proyecto de desarrollo del norte de Centroamérica, estrategia neurálgica para reducir los flujos migratorios y mitigar la situación de millones de personas.

El proyecto para América Central no estará exento de vastas polémicas. Por un lado, el presidente mexicano, estatista radical, entregó el apoyo económico directo a los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala. Por otra parte, el gobierno de Biden temeroso que parte del dinero se pierda en los círculos de la corrupción centroamericanos (argumentan que los recursos otorgadas por el gobierno de Barack Obama en 2014 fueron desviados por los grupos en el poder) anuncia que el dinero se entregará a través de Organizaciones no gubernamentales. Amplios sectores interpretarán que se trata de una nueva fase de intervencionismo en los proyectos de desarrollo para la región. Los gobiernos centroamericanos, sin legitimidad por la corrupción prevaleciente, poco podrán hacer para cuestionar la dirección de los recursos. Ante sus propias limitaciones, buscarán a México para compartir la línea de sus proyectos estratégicos, como Sembrando vida y el Tren maya, que abre perspectivas hacia una ruta transcentroamericana.

El jefe del Estado mexicano, tras el revés que implica hacer un trabajo de contención migratoria, pone en marcha uno de los más importantes objetivos de su gobierno: reconectar el vínculo económico y político con Centroamérica. Estados Unidos, tras el descrédito de la comunidad internacional por la gestión de Trump en materia ambiental, solicita a México mayores garantías ambientalistas para los proyectos de cooperación. López Obrador en Chiapas, tras mostrar a Kerry distintas modalidades del Programa Sembrando vida, le mencionó que en su administración se ha limitado la explotación del crudo:

“Hace poco, en el 2004 se llegaron a extraer 3 millones 400,000 barriles diarios. Todo esto actuando con mucha irresponsabilidad porque se inyectaba gas nitrógeno a los pozos petroleros para sacarles el petróleo y se les quitó la presión natural… Ya tomamos la decisión de no aumentar la producción en más de 2 millones 700,000 barriles”.

Ante esta declaración, el enviado John Kerry, representante del mayor consumidor mundial y con las mayores reservas internacionales de petróleo, no tuvo más opción que seguir escuchando sobre los beneficios de un desarrollo sostenido en el norte de Centroamérica. Para ellos no es el momento de alardear sobre una sólida política verde. Estados Unidos está consciente que el conflicto centroamericano es un problema cuya solución ya no se puede postergar. Para México, es la oportunidad de retomar una presencia significativa en la región, con mayores elementos para controlar la difícil condición de puente migratorio.