Decir, hacer: la poética del traductor y ensayista

18 de octubre de 2021

Para Rafael Calderón, Jorge Bustamante García es heredero de esa estirpe de poetas y traductores que hacen convivir el trabajo literario con su personalidad

El recorrido que entraña la bibliografía publicada por Jorge Bustamante en el género del ensayo y la traducción en un periodo de cuatro décadas es necesario situar su presencia, así como destacar su lugar, extender la lectura por toda la obra publicada. Es como decir que, ante todo, se subraya la vigencia del poeta y el traductor exquisito de poesía rusa. La suma de su escritura sucede a la manera de los personajes inventados. Éstos lo han acompañado a lo largo de su escritura, y ya resultan ser legión o parte esencial de sus figuras alegóricas y diría incluso hasta legendarias. En esa lista están presente, Nicolás Azul: célebre porque entra en acción en su novela y de cuando en cuando narra un recuento autobiográfico del mismo autor; algo similar sucede con Miguel Tristes con quien aparece en franco diálogo intercambiando puntos de vista sobre Sergio Pitol; ambos personajes están presente y se vuelven imaginarios en el género de la crónica; son dueños de un estilo desenfadado y son los que suscriben varias páginas autobiográficas del propio Bustamante García.

Ya que nuestro autor es heredero de esa estirpe de poetas y traductores que hacen convivir el trabajo literario con su personalidad: la poesía, el ensayo de creación, la reflexión crítica, la traducción, así como la narrativa y la crónica. Es decir, nos interesa ahora destacar las traducciones de poetas de la Generación de Plata de la poesía rusa que siempre acompaña de sendas reflexiones y breves ensayos. Estos textos son los que permiten reconocer su estilo depurado. La lectura, más de las veces, son un ejemplo de una actividad cómplice: hay que ir a la versión de los poemas traducidos y no conforme con este trabajo de carpintería que es la traducción avanza y registra y permiten reconocer el legado de su poética. Pero el lector interesado se dará cuenta de ese compromiso apasionado, el encuentro con la obra o reconocer que se muestra ante todo como gran lector y lo refleja como resultado final de sus traducciones.

Para mejor entendimiento, prefiero ir a dos títulos y en primer lugar destacar el título Poemas de Anna Ajmátova (que en una nueva edición este 2021 ha titulado Voy hacia nunca); el segundo ejemplo sucede con las páginas de El instante maravilloso. Es la antología donde incluye igualmente poemas de Ajmátova y de una legión de poetas sobresalientes y otros no tantos y algunos una verdadera revelación por tan desconocidos y recordar que el título fue tomado de un verso de Alexandr Pushkin que me permito citar y contextualizar por ese universo de su lirismo: “Recuerdo aquel instante maravilloso/ cuando ante mí apareciste,/ como una visión efímera,/ como genio de belleza pura”. Así pues, esta selección lírica revela una identidad plena de su quehacer de traductor y la publica en la madurez de su vida y es la que termina por consolidar su propio trayectoria en estos géneros literarios. Así que mi referencia la quiero dilucidarla en primer lugar por la introducción de los poemas de Ajmátova. Porque son los que nos llevan alrededor de la poeta y de su obra, recordar que es una autora que inicia a escribir siendo una niña y en la primera adolescencia por su cuenta aprenderá idiomas extranjeros y leer a los poetas que le interesan y, nosotros, con el ensayo introductorio realizamos ese recorrido particular de su poesía: incluye poemas de su juventud y realiza una selección cronológica hasta llegar a los años finales de su vida y es la autora que tuvo encuentros y desencuentros con jóvenes de la poesía rusa del medio siglo XX, finalmente, cierra el ciclo y aclarar que ella es quien defiende el temperamento lírico tempranamente del joven Brodsky y marca distancia de autores contemporáneos de éste. Y al ir a las páginas del Instante maravilloso también nos damos cuenta que de Ajmátova varios son varios los poemas que incluye y provienen de la edición individual, pero no conforme con esto, suma otros; se vuelven un goce. Así, las traducciones no se repiten, más bien, es un ejercicio enriquecedor, las vuelve parte de un recorrido y termina por aportar poemas donde sobresale asimismo su magnífica presentación. Y en la lectura de la antología por un instante se añora leer aquellos poemas, en realidad, todo es suma y goce, y algo similar sucede con los demás autores: cada una de las notas a los autores entre ensayo y biografía reflejan muy de quien se trata y cuál su lugar en la poesía rusa del siglo XX. Todo junto es un complemento maravilloso, pero hay que ir a la lectura y recordar que son autores tan perdurables que permite viajar mentalmente por dos idiomas opuestos entre uno y otro y la poesía es la que une y los reúne en una antología: El instante maravilloso que se mantiene vigente.

Creo, resulta imposible dejar de lado mismo poeta cuando es visible y explícita su labor de traductor y más si tenemos a la mano lectura de poemas de Joseph Brodsky, de quien por cierto puede echar de menos que sean apenas cuatro poemas y ante la brevedad vamos resignados a lecturas como las de Ricardo San Vicente y su memorable antología No vendrá el diluvio tras nosotros. Al situar el goce de la semblanza pues queda visible ese algo: revela Bustamante García el don de su poética, la riqueza informativa y la eleva con datos precisos y en ese momento sucede el encuentro con el poeta extraordinario. Y en el caso de Ajmátova, por fortuna, despliega una riqueza de datos definitoria. El acierto entre novedad y reflexión sucede como si fuera parte de un universo de preguntas: ¿qué es la poesía? Simultanea y brillante, en general, es una directriz que sucede con los poetas que traduce e incluye en El instante maravilloso. Hay que afirmar que estas páginas encierran el ingrediente de la modernidad, se vuelve por su naturaleza lírica, una obra clásica: aporta una vía de reflexión, abre ventanas a esa seducción, permite en toda la extensión de la palabra, conocer el trabajo del traductor.

Esa primera vía de la lecturas se diversifica y cada poema es un punto de referencia: pueden ser vistos y leídos los poetas de la generación de plata en su plenitud. Lo siguiente será apreciar hallazgos muy particulares: el tiempo de su escritura, el tiempo en que se encuentra nada menos que traduciéndolos y se convierten en una imagen de tiempo y espacio que se diversifica. Es, Bustamante García, un traductor que sigue de cerca el modelo de Octavio Paz, y presenta poemas que son versiones y diversiones para nuestro idioma, pero tomados de su idioma original y los entrega al nuestro y se vuelven parte ineludible de la revelación poética. Tanto, la introducción como las notas autobiográficas, son los dos grandes momentos que permiten reconocer el por qué un poema y no otros son los que traduce, observar esa dinámica y ganar presencia y conocer estos autores: algunos célebres y otros desconocidos o una novedad para el mismo lector. Cuando el autor es relativamente familiar naturalmente alcanza presencia y esa particularidad se vuelven parte de lo que hay que denominar lectores activos o cómplices; pero si el autor que refleja en estas páginas es por primera vez: hay que detenernos en su nombre, la huella de sus títulos y complementar la lectura con sus poemas, así como reconocer su espacio y su tiempo; después, es posible seguir la senda por nuestra cuenta e ir más lejos.

Algo especial sucede con Brodsky, de quién en un primer momento hay que ir a la presentación y de inmediato a los poemas. Ya que Bustamante García lo traduce y registra con un recorrido detallado de su trayectoria, el recuento bibliográfico y permite seguir la senda hasta indagar la existencia de otras traducciones; no se contraponen, deja ver con toda claridad esa huella del poeta supremo de la poesía rusa del siglo XX. Aunque se extraña una lectura amplia, estos cuatro poemas, permiten ubicar esa fuerza refinada y resulta aleccionador este encuentro con Brodsky que, hasta ahora, podríamos decir es incompleto. Aún recuerdo la noticia de la muerte del poeta, en aquel enero frio del año 1996, fue de tristeza y dolor, y cuando sale esta antología mi primera búsqueda fue ir a los poemas de Brodsky y situar a plenitud el lugar que ocupaba en ese instante que lo vuelve maravilloso y gozar los traducidos, nada menos que por un poeta que nació en Colombia y radica en México, mejor aún, en la ciudad de Morelia.

Para ir cerrando este recorrido quiero citar unas líneas de la introducción de Bustamante García donde escribe: “Los poetas incluidos en esta antología, a excepción de Arseni Tarkski y Joseph Brodsky, pertenecen a lo que se ha dado en llamar el Siglo de Plata de la poesía rusa, que produjo su obra más importante y representativa durante las tres o cuatro primeras décadas del siglo XX”. Insisto: Brodsky es un magnífica y extraordinario poeta. No es un autor cualquiera, por el contrario, después de Mandelstam y Ajmátova; uno termina por comprender que es un poeta mayor de entre los de su tiempo; sus versos encierran rigor, pasión, deslumbramiento. Estos elementos van de la mano y son parte para nombrar su celebración permanente.

Para sintetizar quiero decir, finalmente que Bustamante García además de El instante maravilloso y la compilación individual de los poemas de Ajmátova, en el ensayo también aborda autores los que encierran los siguientes títulos: Henry Miller: entre la desesperanza y el goce; Literatura rusa de fin de milenio; El milagro de las cosas nombradas; El viaje y los sueños. Un ensayo vagabundo, un recorrido por la obra de Sergio Pitol y traduce simultáneamente Palabra del solitario. Ensayos sobre poesía rusa; La ironía y otros ensayos de Alexander Blok, y con traducciones de prosas y crónica y lo misceláneo: Lev Tolstói. Conversaciones y encuentros en Yásnaia Poliana y El Perro Vagabundo y otras memorias de escritores rusos (del que ya se han publicado varias ediciones). Es un mapa sucede alrededor del ensayo, la teoría de la traducción, y resulta ser un resumen portentoso de esa búsqueda que es parte de su propia biografía, digámoslo una vez más, que colinda con la diversidad de estilos, autores y obras; y que ha practicado ininterrumpidamente desde sus tiempos universitarios en la Unión Soviética donde estudia geología, la profesión que para él es la más noble y podríamos decir que es la que resulta determinante en su vida: le permitió dedicar parte de su vida a la labor de traductor y explora con éxito y originalidad varios géneros literarios y convertirse en el poeta del exilio, el viajero y quien termina por mantener estancias en diferentes partes de México, de Rusia y de su país de origen, hasta remontar su nombre y presencia a la ciudad de Zipaquirá, Colombia, donde nació, hace siete décadas.

El resumen está en el texto de su autoría: “La traducción: quehaceres del amante”. En éste aporta un resume, recuerda que son tantas las definiciones que alrededor de la traducción de poesía que se han dicho que resulta casi imposible definirla al calor de estas ya existentes, pero aportar, en efecto, una expresión propia: “Nadie sabe que es, pero no es difícil intuirla y reconocerla cuando se da”; la poesía, sucede a veces por una obra, por un poema, más aún, por un par de versos y a veces en un verso. El traductor sabe que tiene que ir lejos y llegar hasta donde el idioma lo permita y con acierto señala: “Si a uno le gusta leer y escribir, entonces traducir podría convertirse en un placer”.